viernes, 28 de noviembre de 2014

WELLINGTON

A 1 hora de Martinborough, llegamos a Wellington pronto, pero hace un día de perros. Todo lo que leemos indica que no conviene entrar con el coche al centro de Wellington, pues los parkings son de pago, y además no puedes estar más de 2 horas.

El camping está a un cuarto de hora del centro así que para bajar, hemos utilizado el bus, tienen un billete que cuesta 6,50 NZ$ ida y vuelta, y lo puedes usar las veces que quieras, siempre que sea en la misma línea y compañía (hay tres). En este camping nos hemos encontrado con una pareja de Madrid, Elena y Juan, que vienen de la Isla Sur, muy majos, y hemos intercambiado consejos de las dos islas la noche anterior a su marcha, en animada charleta antes de cenar.

Aquí hemos estado varios días pero no tenemos mucho que contar; al contrario de Auckland, con Wellington no me voy a extender. La ciudad nos ha gustado, y sobre todo el ambiente. La Manners St. tiene muchas tiendas y cafés. Ascendiendo desde Manners St. por Cuba St. hacia una de las colinas que rodean la ciudad, se llega a La calle Terrace con unas casitas de madera muy bonitas, que rodea el centro.

Tienda en Manners:



La ciudad está rodeada de colinas, a una de ellas donde está el Kelburn Park se accede en un teleférico. Otro punto importante y desde el que se puede ver la bahía es el Monte Victoria zona residencial.
   
El Centro no es difícil recorrerlo a pie, está todo muy cerca. Las calles más céntricas Lambton, Willis, Boulcott, Manners, Victoria y Courtney Place acogen la mayoría de los comercios, oficinas, y Bancos más importantes. Todas estas calles rodean el puerto.

 En Courtney Place hemos comido un par de veces en la Pizzeria Napoli, de un napolitano, todo muy rico, y unas calzone buenísimas, que nos hicieron recordar el viaje a París con Itziar y Amaia. El napolitano muy simpático tiene clavada una espinita del partido que perdió contra el Athletic, allá por Octubre.

El Civic Square lo componen varios edificios antiguos, unidos entre sí por construcciones modernas, la única manera de sacar partido a ese espacio y mantener los servicios unidos. Ahí está el Ayuntamiento que tiene la mejor sala de conciertos de NZ, según dicen. Unida tiene la Biblioteca, la City Gallery, en medio de las cales está flotando en el aire la bola del mundo hecha con hojas de helecho, uno de los símbolos de NZ. Desde todo este conjunto de edificios se accede al puerto por el City to Sea Bridge.




   
Lo que llaman el City to Sea Bridge, no es un puente propiamente dicho, sino un acceso de la ciudad al puerto, construido en madera en estilo maorí, unas esculturas en madera que sirven de bancos, y unas columnas adornadas en su extremo con figuras geométricas, es un entorno muy agradable, para pasear, observar la bahía, en días buenos claro porque los que hemos tenido malos, no los hemos disfrutado.




En la zona de los juegos de niños hay unos toboganes con forma de faro. Desde aquí se ve el puerto comercial y de embarque de los ferrys que hacen el trayecto entre las dos islas, uniendo Wellington en la Isla Norte, con Picton, en la Isla Sur.




En el paseo del puerto está también el Museo Te Papa con la historia de NZ desde la llegada de los maoríes, el Capitán Cook, y más tarde los europeos, hasta este siglo.

Es una ciudad con una vida cultural muy activa. Conciertos, y sobre todo cine y teatro. Hay varios teatros en el centro, es muy conocido el Circa en una antigua fábrica rehabilitada. Un sitio muy agradable es el café de la Opera, donde nos hemos tenido que guarecer dos días y tomarnos unos estupendos cafés.



   
La parte del puerto deportivo está llena de cafés y restaurantes, pero en los días lluviosos están totalmente vacíos, las terrazas desiertas como es de entender, y todo desangelado. Las tardes de buen tiempo, hemos pillado 2, parece otra ciudad. La gente sentada en las escaleras de un  bar con el solcito del atardecer, y las terrazas llenas.




Al otro lado de la ciudad están los edificios del Parlamento, el viejo y el nuevo, y la Catedral de St.Paul, moderna pero que no nos aporta nada.

Otra cosa es la antigua Catedral, llamada la Old St.Paul, pequeña, toda en madera. Por fuera es una Iglesia pequeña en madera blanca, pero traspasas el umbral y sueltas una admiración. Hay una señora a la entrada en una mesita con información que se ríe cuando me ve la cara de sorpresa, y me dice que todos hacemos lo mismo cuando la vemos por primera vez Es una obra de arte de arquitectura en madera.




Hablando de arquitectura, esta ciudad combina muy bien los edificios antiguos con los nuevos. Tienen una cultura alrededor del café muy notable; dejando la mar a la espalda, ascendiendo por Cuba st. y las paralelas, se llega a una zona de antiguas fábricas rehabilitadas en pequeños cafés a la altura de la calle, y de los primeros pisos con un cálido sabor bohemio.

Como anécdota, tenemos que contar que el día que llegamos fuimos a la Embajada a dar cuenta de que andábamos por aquí y de paso darles recuerdos de Olatz que ha estado trabajando de becaria en la Embajada hasta finales de septiembre, y con la que estuvimos en Bilbao justo antes de venirnos para acá.

El horario de atención al público acababa a las 13:30 y esto era por la tarde. Mirando la información del horario estábamos cuando de la oficina salió una sonriente chica que se presentó como Ana María, la secretaria personal del Embajador y asturiana, al decirle que nosotros éramos de Bilbao.
Parece que se le olvida algo, y vuelve a entrar a la oficina. Acto seguido sale y nos dice que el Embajador nos quiere saludar, así que pasamos a su despacho, en chaflán, amplio, lleno de fotos con los reyes, los príncipes, Ratzinger, y demás personajes que en un vistazo no puedo reconocer.

Todo cristalera, con unas magníficas vistas de la bahía, nos invita a sentarnos en unos sillones, y así pasamos más de una hora de nuestro primero y lluvioso día en Wellington. Conversación muy agradable y variada, de la vida y la economía de este país, y del nuestro, de sus anteriores destinos, y algunas anécdotas más.

No hablamos de pájaros, esto va por Juanito, y al contrario que nosotros, dice que cuando se jubile, lo que quiere es dejar de viajar y alternar su vida entre La Coruña, su ciudad natal, y Madrid donde tiene también casa.  

sábado, 22 de noviembre de 2014

MARTINBOROUGH y ALREDEDORES

Del trayecto Hastings - Martinborough, no tengo mucho que decir, no porque no haya nada interesante, que lo hay, sino porque no hicimos más paradas que un supermercado; el trayecto se nos hacía largo y no teníamos ganas de entretenernos por el camino, ya que cada parada suponía 2 horas. Si podemos a la vuelta según volvemos de sur a norte, nos lo podemos plantear.

Hay un parque que parece que se le puede ver al kiwi blanco, uno de los más raros, unas cascadas, y unas gargantas.

Al llegar al camping, me he dedicado a contestar algunos correos y hemos estado organizando que podemos ver mañana pues aquí nos quedamos 3 noches. El domingo aquí se celebra una fiesta anual, el TASTE MARTINBOROUGH, que gira en torno al vino, y queremos estar para ver en qué consiste, lo hemos buscado en google y tiene buena pinta.


Martinborough

Nos levantamos pronto para visitar los alrededores y pasamos primero por el pueblo para ver cómo es pues ayer cuando llegamos no teníamos muchas ganas de parar para verlo. Tiene una plaza central cuadrada de la que salen 8 calles, cuatro perpendiculares a cada lado del cuadrado, y otras cuatro que salen de las esquinas. Los edificios que las rodean son de dos alturas máximo, de madera, y parecen los pueblos que llamamos de las pelis de vaqueros. Las calles adyacentes están llenas de comercios de las propias bodegas, que por esta zona, hay unas 45 más o menos grandes, según dicen.









Lake Ferry

Desde Martinborough nos dirigimos a varios puntos de la costa. La carretera de la costa nos lleva primeramente a Lake Ferry una inmensa playa de arena negra. Está en la desembocadura de un río que forma el lago Okope. La playa es una barrera que separa el mar del lago. Nos llegamos hasta la orrilla, tiene mucho fondo esta playa, y hay unos cuantos pescadores con sus sillas, neveras, y aparejos esperando que pique algún despistado pececillo.





La mar está preciosa, de un verde/azul intenso, y aunque la temperatura no es mala, cuando el viento se levanta, te tienes que abrigar bien.

Tomamos unos cafeses en el Hotel Lake Ferry que está al principio de la playa, y nos volvemos para coger la carretera que nos va a llevar al Cabo Palliser, la punta más al sur de la Isla del Norte.


Reserva de Putangirua

De camino está la Reserva de Putangirua. Aparcamos La Cirila. Hay que caminar por el lecho de un río, primero en plano y luego ascendiendo y así llegamos a unas formaciones rocosas muy interesantes. 



Según vamos subiendo vamos descubriendo unas paredes rocosas que por su tamaño y constitución configuran una zona muy curiosa, parece que se han ido formando por la erosión del agua de la lluvia y del viento.







Ngawi

Dejamos este lugar, después de una buena caminata, y cogemos otra vez La Cirila para ir al pueblo siguiente, Ngawi, que tiene una particularidad, es un pueblo de pescadores pero no tiene puerto. Bajan y suben los barcos de la playa con excavadoras, y así se ven a su paso por el pueblo, constituyendo una atracción turística.






Colonia de Focas

Para coronar el día, entre este pueblo y el Cabo Palliser, se encuentra una colonia de focas que se han afincado allí entre varios salientes rocosos, que se están bañando y tomando el sol tan tranquilas, se puede estar al lado mismo de ellas, se tiran al agua, saltan..., la verdad es que es muy divertido, y las pequeñas son monísimas, les hacemos un montón de fotos y vídeos, y sobre todo, nos quedamos un buen rato husmeando por allí y viendo sus piruetas, no apetece marcharse.


   







Cabo Palliser

Nada destacable más que el típico faro rojo y blanco, al que se puede subir por 250 escaleras que por supuesto no lo hacemos, y que se acaba la carretera y tenemos que volver para Martinborough a ver si nos enteramos cómo podemos adquirir los tickets para la fiesta de mañana.



Regresamos al camping ya por la tarde, pasando por Martinborough, donde hay un buen ambiente, la gente tomando copas de vino por la calle, la plaza central con unas carpas preparadas para la fiesta de mañana, gente muy variopinta.

En el camping también se disfruta de buen ambiente, lleno a tope de gente que nos dicen que han venido ex profeso para la fiesta de mañana. 


Toast Martinborough (Wine, Food & Music)

Son las 9:00 de la mañana y ya llevamos las entradas que nos las ha conseguido el recepcionista del camping ayer. Resulta que se venden de 10 en 10 por internet, las compran en grupos y revenden las que les sobran al precio normal. Nos venden 2 de diferente precio, una VIP, y una GOLD, que aparentemente sirven para lo mismo, pero como no entendemos el sistema, pues vamos con ellas. También nos advierten de que tenemos que llevar crema solar y sombrero pues la fiesta es al aire libre. 



Llegamos a la Plaza del pueblo y vemos que allí también se pueden comprar individuales en la carpa de la organización. Ya se está llenando de gente variopinta. Se canjean las entradas por una copa que te cuelgan al cuello, una pulsera, y un folleto el cual indica con el número de cada bodega, los vinos que puedes beber en cada una, las comidas que se ofrecen, los grupos de música que ambientan cada bodega y sus horarios de actuación. 




Esa acreditación y tu copa al cuello, te dan derecho a participar en la oferta de las 10 bodegas que participan en el festival. Te montas en los autobuses que hacen una ruta circular por todas las haciendas donde se encuentran las bodegas y te subes y bajas en las que te van apeteciendo. Te puedes sentar en mesas, en el suelo, no es difícil encontrar sitio.




Hace un día espléndido, soleado, caluroso, las chicas con sus mejores galas veraniegas (tirantes, flores, taconazoas, espaldas al descubierto, mucha pamela), ambiente de ligoteo, muchos a pillar. También cuadrillas disfrazadas, al mejor estilo de Tolosa.




No se puede llevar comidas o bebidas ajenas a lo que se ofrece. A la entrada de cada hacienda hay gente de seguridad, por lo menos una par de médicos, que observan a los participantes a la entrada, impidiendo el paso a todo aquel que muestre signos de embriaguez.

Y nosotros en medio del "fregau", con algun que otro despistado turista, nos integramos perfectamente en el ambiente, y vamos pasando de bodega en bodega, probando sus caldos y degustando sus diversas ofertas culinarias (hasta spanish paella y churros con chocolate, tenemos). Nos enteramos que los grupos de música contratados son de lo mejor del país en su género, lo cual podemos atestiguar.



También nos cuentan que las comidas que se ofrecen están elaboradas por los catering de los mejores restaurantes de Wellington y Martinborough. También lo podemos atestiguar. Hemos pasado, dependiendo del momento del día en el cual lo hemos probado, por cosas tan sencillas como rabas y patatas con ali oli, hasta venado. Lógicamente no hemos probado de todo, pero se veía que había calidad.   

Los caldos, también muy buenos, hemos probado algún blanco, y sobre todo tintos. Eso sí, la entrada te da derecho a participar en el ambiente, la música, el vaso, y los buses. El resto se paga en francos, que previamente hemos tenido que comprar con NZ$, todo a "excelente precio neozelandés", es decir "very expensive". Traducido, entre 4 y 10€ la copa, y entre 4€ el pintxo, y 12/13€ el plato. 

Por el número de entradas vendidas, se estima una afluencia de unas 10.000 personas. Mucha gente llegada desde Wellington en trenes y autobuses para evitar los controles de alcoholemia, que aquí deben de ser muy duros. Los trenes ya días antes tenían todas las plazas agotadas. Mucha gente guapa, poco maorí.




A las 6 y después de unos saltos con el grupo de la última bodega que visitamos, cogemos el bus ya de retirada hasta el inicio del recorrido, la plaza del pueblo, donde ya se aprecian algunos de los efectos del fiestón. La gente se va distribuyendo por los autobuses que les llevan a la estación de tren y a sus lugares de origen, básicamente Wellington, y nosotros cogemos el andarín hacia nuestro camping a medio km., sin ayuda ni ambulancia. Hemos disftutado de lo lindo.  

























  




miércoles, 19 de noviembre de 2014

NAPIER y HASTINGS

A las 6:30 resuena la lluvia en La Cirila que da gusto. Parece que estamos en un túnel de lavado. No nos apetece asomar la nariz fuera del edredón. Nos hacemos los remolones y entre sueño y sueño, nos dan las 8. Hay que levantarse para recoger y seguir camino en busca del Art Déco de Napier, que está en la costa Este.

Cuando estamos terminando de desayunar, los murcianos dan señales de vida, dicen que como son ciclistas, tienen que descansar, je,je; bueno la verdad es que como hoy no hacen marcha, no tienen prisa.

La intensidad de la lluvia ha bajado un poco, nos despedimos y cogemos carretera y manta.

Por el camino vemos que se anuncia un mirador, hay parado algún vehículo más, unos orientales. Es una cascada muy bonita, que como no hemos visto la de Huka en Taupo, con esta nos conformamos. 


La ruta es montañosa y arbolada, grandes extensiones de ovejas y vacas por doquier, como por todas partes, es algo que no sé si he comentado antes, pero no fallan ningún día, me encanta ver esos grandes rebaños pastando.


Napier

Llegamos a Napier y nos instalamos, el camping tiene buena pinta, parcelas que no les falta de nada, arbolado, muchas flores, pero, cuando vemos la pequeña cocina y que las duchas son con 1€ cada 5 minutos, nos da el perrenque. Está ubicado en la parte norte de la playa que se extiende por un montón de km. Es de piedra negra y no invita al baño.



La ciudad sufrió un terremoto y un incendio en 1931 a consecuencia de lo cual, se destruyeron la mayoría de los edificios, con muchas pérdidas humanas. El suelo se elevó y ganó terreno al mar para granjas y desarrollo de la ciudad. Para su reconstrucción acudieron arquitectos de todo el mundo, y como el estilo que imperaba en esos años, era el Art Déco, la mayoría de los edificios están construidos en ese estilo arquitectónico.






El tiempo es muy desapacible, vamos recorriendo la ruta indicada, durante 2 horas que es el límite que tiene nuestro aparcamiento. Uno de los edificios de nuestro recorrido es el Australian Mutual Provident Society, ahora ocupado por el Wine Centre, y entramos a curiosear, todavía no hemos probado el vino de NZ y estamos en zona vinícola.



Mientras hacemos unas fotos a sus lámparas, solicitamos probar tinto, y nos dan a catar 2 Pinot Noir, que nos gustaron mucho, uno de año y un crianza del 2011, muy ricos los dos. Nos llevamos el crianza que abrimos a la noche con 2 entrecotes, aquí la carne es muy buena, aunque no es de extrañar, el ganado todo el día suelto y feliz por el campo.


Hastings
Hoy el día ha amanecido mucho mejor y nos vamos hacia Hastings que está a 20 km. de Napier principalmente porque el camping no nos gusta y no queremos cambiar de zona pero sí de “hotel”.
Pasamos primero por el centro de Napier para ver una tienda de productos confeccionados con dos animales, possum y oveja merina. Son muy afamados por aquí y queremos verlo. En la tienda además de las prendas que se venden, hay una réplica del medio en el cual viven los possum, con varios animalillos disecados por allí, y que explica su vida, cómo se caza, y por qué hay que protegerlos. Precisamente, hemos visto una gran cantidad de ellos, atropellados por la carretera, en las zonas más boscosas y poco transitadas. Es una especie de comadreja de aspecto, pero herbívoro.

Hay sombreros de piel, prendas de piel, y prendas de punto que mezclan possum y merino y son de una suavidad y calidad muy buena. Es algo parecido al cashemir, y además algunas con diseño, las más caras por supuesto. Aquí no compramos nada, pero la visita ha estado bien, ya sabemos algo más de los animalillos de NZ.

Llegamos muy pronto a Hastings, el camping muy agradable, el día soleado, qué más podemos desear. La recepcionista también muy enrollada. Entre lo que nosotros queríamos hacer, la información que tenemos, y la que nos da ella, optamos por ir a alguna bodega a hacer una cata y quedarnos a comer, y por la tarde ir al Cabo Kidnappers que tiene unas bonitas vistas de la mar y una colonia de cormoranes.

Para la cata nos decidimos por la bodega Vidal que nos recomienda la recepcionista y que en la guía la pone como la mejor, y además porque es una de las que tienen posibilidad de comer, y además está cerca.

Nos dan a probar 3 blancos, Riesling, Chardonnay, y Sauvignon, y dos tintos Pinot Noir y Syrah. Todos estupendos, la verdad. Una vez hecha la cata, pasamos al comedor, que es una mezcla de moderno con cubas, y fotos antiguas del fundador de la bodega que casualmente es un catalán, Antonio Vidal.


Comemos bien, los entrantes con blanco y el plato principal con blanco y tinto según pescado o carne. Postre también rico.


Disfrutando de la comida y de la bodega, casi no llegamos a las 15:00 que empieza la excursión en tractor con remolques que nos lleva al Cabo Kidnappers.

Nos montamos en dos remolques, tirados por el guía que lleva el tractor, que no es amarillo, sino rojo, y bajamos a la playa. Superdivertido, otra vez que nos llevan por la orilla, encima del agua, hasta el Cabo Kidnappers. Es el que se ve al fondo de la foto que sigue.



El viento arrecia de lo lindo mientras nos va explicando por el camino la geología de la costa, grandes paredes que dejamos por la derecha en la ida, que podemos ver que está formada por plegamientos, pero según no explica, no es de roca, sino de arena, tierra, barro, todo compactado, que con la lluvia se va deshaciendo. De hecho nos demuestra arrojando unas piedras contra otras, cómo rompe lo que para nosotros son piedras negras y duras, resultando ser tierra, sedimentos, arena….. compactada, como ya he dicho.




Vamos continuamente salvando entrantes y salientes de la costa, ya sea por la playa o por el agua, en cuyo caso, nos avisa oportunamente para que levantemos los pies y no nos mojemos.



Antes de llegar al Cabo, comenzamos a ver las primeras colonias de albatros de cabeza amarilla.



Al llegar a un punto en el que comienza una subida para ascender a la parte alta del cabo nos hace bajar y nos invita a que subamos para admirar las vistas, y las colonias de cría de albatros que están en los puntos más altos. Nos da una hora y media libres. El ascenso es relativamente fácil, primero vemos unas vaquitas y unas ovejas pastando, para variar y al llegar te sorprende la cantidad de albatros anidados, colocados ordenadamente, como si fuera un ejército en formación. Las fotos no reflejan suficientemente la realidad del momento, el ruido, el color….




Hay varias colonias, de una de ellas nos separa sólo una cuerda que circunvala su perímetro para que no les molestemos, ni se inmutan con nuestra presencia y la de nuestros compañeros de excursión, deben estar acostumbrados a las visitas.


Nos damos una vuelta, podemos admirar los dos lados del cabo, las vistas son espectaculares, y además el día aunque ventoso es soleado, y ayuda.


Hacemos el regreso con la playa a la derecha en animada conversación con un matrimonio joven y sus 4 hijos, el mayor con no más de 11 años, y el pequeño de unos cuatro, que son de San Antonio de Texas, rememorando nuestra estancia en esa ciudad ya que nos gustó mucho y la recordamos muy bien.


Una vez acabada la excursión regresamos a Hastings con La Cirila, para cenar y acostarnos pronto, pues mañana tenemos un buen recorrido.   

TAUPO

Taupo es una ciudad en el enorme Lago Taupo, casi como un mar de agua dulce. En estas latitudes se desarrollan una buena cantidad de deportes de aventura, rafting, puenting, paracaídas, parapente, caballos, senderismo, mountain bike, y alguna cosa más que no me acuerdo.

 Nosotros lo más que nos permitimos de todos estos riesgos es el senderismo y como amanece un bonito día nos lanzamos a la i-site, el centro de información para ver qué ruta podemos realizar, aún y a pesar de que el pronóstico es de lluvia fuerte. Para empezar pensamos dar una vuelta por una parte del lago, la más cercana a la ciudad.



Tenemos que renovar el acceso a internet de mi móvil pues me he comido 1 Gb que presumiblemente me iba a durar un mes, en 20 días. Así que ha buscar Vodafone y hacer el business. En este pueblo están de rebajas y nos hacemos con varias camisetas y unos gorros de lana por cuatro maravedís.

El viento arrecia que da gusto, vamos con anorak y los nubarrones son de dar miedo, así que dejamos el paseo por el borde del lago, y nos dedicamos a vaguear por la ciudad. Tiene buenas tiendas, una peluquería con los mismos productos que usa Jesús, que me da ganas de entrar a que me mimen un poco, pero hay que seguir con la dura vida del turista.

Sale un poco el sol y de camino al camping, nos hacemos unas fotos primaverales, he ahí un ejemplo.

                                

Comemos algo y Txetxe se echa un siestón mientras yo ordeno los mapas.

Nos vamos a ver las Huka Falls que están cerca, pero como nos temíamos empieza a llover. No obstante son las 18:10 y acaban de cerrar a las 18:00. La verdad es que no nos da mucha pena, el día está totalmente desapacible. Es una pena pero Taupo no lo vamos a ver, a lo mejor cuando volvamos de regreso podemos parar, ya que también hemos dejado el parque del Tongariro puesto que ahora no nos lo aconsejaron, por el tiempo reinante.

A la vuelta paramos en un mirador desde el que se ve el lago, e intentamos sacar alguna foto pero imposible, lluvia, viento, paran otros 2 turist con sus caravanas par hacer lo mismo y nos metemos todos corriendo a las madrigueras. Desde la furgo bien colocada se ve el paisaje estupendamente, y nos quedamos un ratito disfrutando y oyendo la lluvia en la chapa.

Ya de vuelta al camping no hay otra cosa que hacer que  ponerme a escribir hasta la hora de la cena, y en ello estoy cuando oigo fuera la expresión  ¡jamón de jabugo! Bien fuerte. Son dos elementos bici en mano que están entrando al camping.

Antes de cenar, nos vamos a la pileta caliente para darnos un chombo y allí están los 2 paisanos, son bomberos de Murcia que están de viajando por NZ. Tienen 32 años. Alfonso moreno, y de buen aspecto, que es bombero, buceador  experimentado y surfer  ha cogido 2 años de excedencia. Ha estado 8 meses en Australia y ahora está por aquí. Su amigo y compañero Manolo, rubio, melenas, ha acumulado sus vacaciones y le han salido 80 días y se ha venido a NZ; anárquico, en la pileta se baña desnudo, porque no hay nadie más, y muy expresivo, es el que había lanzado la frase del jamón para saludar a un lugareño al que no había entendido. Nosotros al final no nos bañamos.

Txetxe prepara unos filetes de salmón fresco al papillote en la barbacoa que están buenísimos, y después de cenar nos juntamos con ellos para tomar unas cervezas en animada conversación que acabamos a las 12 de la noche.    
     

domingo, 16 de noviembre de 2014

WAITOMO

A las 10 nos espera un minibús para hacernos el tour por las cuevas y poder ver los gloworms (una especie de luciérnagas). Compartimos minibús con una alemana, una holandesa, y 9 malayos, muy dicharacheros y agradables.

Dejamos atrás la cueva más vista con una inmensidad de turistas a la puerta, y seguimos a nuestro destino que son unas cuevas de un granjero que las tiene en explotación. Después de un largo serpenteo por las laderas del monte, por unas pistas de grava, llegamos a un cercado y nos reparte unos cascos blancos con luz frontal. Nos hacemos foto de grupo a petición de los malayos.




Entre los malayos descubrimos a nuestra Trini, que aquí se llama Jenny, se mueve igual, da vida a todo el grupo incluidos nosotros, tiene ocurrencias, y resulta que también ha hecho el Camino, mejor dicho los caminos, el francés y el portugués, es toda una máquina, muy simpática y amigable, no pasa desapercibida. Es la que está con anorak rosa a mi izquierda.

Nos adentramos en la cueva, vamos viendo las formaciones típicas, estalactitas, estalagmitas, toda la cueva está atravesada por un pequeño río, aunque a lo lejos oímos ruido como de una cascada. Durante el trayecto nos hace apagar las linternas frontales en determinados lugares y vemos unos hilitos que cuelgan del techo y pequeños puntitos de luz sobre nuestras cabezas. Nos explica que son larvas de un insecto endémico de las cuevas húmedas de NZ, que se alimentan de otro montón de insectos que pululan por aquí, que atraen con sus luces, y a los que atrapan enredándolos en los hilillos.




 Llegamos a un embarcadero donde hay una zodiak hermosa y la abordamos. Luces totalmente apagadas. El bote se mueve, no sabemos cómo avanzamos porque no lleva motor y el techo se llena de lucecitas, parece un firmamento, Es un adjetivo que vuelvo a repetir una vez más, impresionante.

Seguimos avanzando a oscuras viendo la grandiosidad del lugar, y estas luces nos hacen distinguir el sistema que utiliza el guía para nuestro desplazamiento. Un sistema de cuerdas fijas por encima de nuestras cabezas, de las que él va tirando. Y solo podemos sacar fotos cuando él nos lo indica y sin flash.




Giramos, avanzamos, retrocedemos, y siempre con ese cielo estrellado sobre nosotros, entre expresiones de admiración por parte del personal.

Después de más o menos un cuarto de hora largo, volvemos al embarcadero y retrocedemos por la cueva y volvemos a ver los hilillos y formaciones curiosas.




Salimos al exterior y allí nos saca unos termos de agua caliente, café, té, cola-cao, botellas de leche y dos latas grandes de pastas variadas. Los malayos siguen tan simpáticos, vacilan un montón entre ellos y con nosotros.  Acabado el amaiketako vamos caminando entre unas formaciones rocosas que parecen piedras talladas que recuerdan a restos de antiguas fortalezas pero que forman parte de esta naturaleza.

Llegamos a otra cueva esta vez sin cascos ni luces, es una cueva seca según nos indican, por lo tanto aquí no hay gloworms.

En esta cueva hay más estalactitas y estalagmitas, hay un ensanchamiento con altura que le llaman la Catedral por la acústica y porque hay una formación que parecen los tubos de un órgano.

Lo más importante además de las formaciones calcáreas, son los restos de animales ya extinguidos, que se han encontrado en su interior. Podemos ver el esqueleto de una cría de Moa, un ave parecida al avestruz pero de 3 m. de altura.




 También vemos un insecto nocturno de unos 7/8 cm. que se llama Weta. Me alegré de ver este insecto que yo creía extinguido y del que había leído en la Trilogía Maorí de Sarah Lark.




Salimos de la cueva.

Jenny y yo que hemos hecho migas durante el trayecto, intercambiamos direcciones, tiene intenciones de venir a conocer el Norte de España, y a mí por supuesto que me gustaría conocer Malasia con una cicerone como ella.

Una vez finalizada la visita que ha durado unas 4 horas, según lo previsto, comemos algo y nos vamos para Taupo, final de nuestra etapa de hoy.