A 1 hora de Martinborough, llegamos a Wellington pronto,
pero hace un día de perros. Todo lo que leemos indica que no conviene entrar
con el coche al centro de Wellington, pues los parkings son de pago, y además
no puedes estar más de 2 horas.
El camping está a un cuarto de hora del centro así que para
bajar, hemos utilizado el bus, tienen un billete que cuesta 6,50 NZ$ ida y
vuelta, y lo puedes usar las veces que quieras, siempre que sea en la misma línea
y compañía (hay tres). En este camping nos hemos encontrado con una pareja de
Madrid, Elena y Juan, que vienen de la Isla Sur, muy majos, y hemos
intercambiado consejos de las dos islas la noche anterior a su marcha, en
animada charleta antes de cenar.
Aquí hemos estado varios días pero no tenemos mucho que
contar; al contrario de Auckland, con Wellington no me voy a extender. La
ciudad nos ha gustado, y sobre todo el ambiente. La Manners St. tiene muchas
tiendas y cafés. Ascendiendo desde Manners St. por Cuba St. hacia una de las
colinas que rodean la ciudad, se llega a La calle Terrace con unas casitas de
madera muy bonitas, que rodea el centro.
Tienda en Manners:
Tienda en Manners:
La ciudad está rodeada de colinas, a una de ellas donde está
el Kelburn Park se accede en un teleférico. Otro punto importante y desde el
que se puede ver la bahía es el Monte Victoria zona residencial.
El Centro no es difícil recorrerlo a pie, está todo muy
cerca. Las calles más céntricas Lambton, Willis, Boulcott, Manners, Victoria y
Courtney Place acogen la mayoría de los comercios, oficinas, y Bancos más
importantes. Todas estas calles rodean el puerto.
En Courtney Place
hemos comido un par de veces en la Pizzeria Napoli, de un napolitano, todo muy
rico, y unas calzone buenísimas, que nos hicieron recordar el viaje a París con
Itziar y Amaia. El napolitano muy simpático tiene clavada una espinita del
partido que perdió contra el Athletic, allá por Octubre.
El Civic Square lo componen varios edificios antiguos,
unidos entre sí por construcciones modernas, la única manera de sacar partido a
ese espacio y mantener los servicios unidos. Ahí está el Ayuntamiento que tiene
la mejor sala de conciertos de NZ, según dicen. Unida tiene la Biblioteca, la
City Gallery, en medio de las cales está flotando en el aire la bola del mundo hecha con hojas de helecho, uno de los símbolos de NZ. Desde todo este conjunto de edificios se accede al puerto por
el City to Sea Bridge.
Lo que llaman el City to Sea Bridge, no es un puente
propiamente dicho, sino un acceso de la ciudad al puerto, construido en madera
en estilo maorí, unas esculturas en madera que sirven de bancos, y unas
columnas adornadas en su extremo con figuras geométricas, es un entorno muy
agradable, para pasear, observar la bahía, en días buenos claro porque los que
hemos tenido malos, no los hemos disfrutado.
En la zona de los juegos de niños hay unos toboganes con
forma de faro. Desde aquí se ve el puerto comercial y de embarque de los ferrys
que hacen el trayecto entre las dos islas, uniendo Wellington en la Isla Norte,
con Picton, en la Isla Sur.
En el paseo del puerto está también el Museo Te Papa con la
historia de NZ desde la llegada de los maoríes, el Capitán Cook, y más tarde
los europeos, hasta este siglo.
Es una ciudad con una vida cultural muy activa. Conciertos,
y sobre todo cine y teatro. Hay varios teatros en el centro, es muy conocido el
Circa en una antigua fábrica rehabilitada. Un sitio muy agradable es el café de la Opera, donde nos hemos tenido que guarecer dos días y tomarnos unos estupendos cafés.
La parte del puerto deportivo está llena de cafés y
restaurantes, pero en los días lluviosos están totalmente vacíos, las terrazas
desiertas como es de entender, y todo desangelado. Las tardes de buen tiempo,
hemos pillado 2, parece otra ciudad. La gente sentada en las escaleras de
un bar con el solcito del atardecer, y
las terrazas llenas.
Al otro lado de la ciudad están los edificios del
Parlamento, el viejo y el nuevo, y la Catedral de St.Paul, moderna pero que no
nos aporta nada.
Otra cosa es la antigua Catedral, llamada la Old St.Paul,
pequeña, toda en madera. Por fuera es una Iglesia pequeña en madera blanca, pero
traspasas el umbral y sueltas una admiración. Hay una señora a la entrada en
una mesita con información que se ríe cuando me ve la cara de sorpresa, y me
dice que todos hacemos lo mismo cuando la vemos por primera vez Es una obra de
arte de arquitectura en madera.
Hablando de arquitectura, esta ciudad combina muy bien los
edificios antiguos con los nuevos. Tienen una cultura alrededor del café muy
notable; dejando la mar a la espalda, ascendiendo por Cuba st. y las paralelas,
se llega a una zona de antiguas fábricas rehabilitadas en pequeños cafés a la
altura de la calle, y de los primeros pisos con un cálido sabor bohemio.
Como anécdota, tenemos que contar que el día que llegamos
fuimos a la Embajada a dar cuenta de que andábamos por aquí y de paso darles
recuerdos de Olatz que ha estado trabajando de becaria en la Embajada hasta
finales de septiembre, y con la que estuvimos en Bilbao justo antes de venirnos
para acá.
El horario de atención al público acababa a las 13:30 y esto
era por la tarde. Mirando la información del horario estábamos cuando de la
oficina salió una sonriente chica que se presentó como Ana María, la secretaria
personal del Embajador y asturiana, al decirle que nosotros éramos de Bilbao.
Parece que se le olvida algo, y vuelve a entrar a la
oficina. Acto seguido sale y nos dice que el Embajador nos quiere saludar, así
que pasamos a su despacho, en chaflán, amplio, lleno de fotos con los reyes,
los príncipes, Ratzinger, y demás personajes que en un vistazo no puedo
reconocer.
Todo cristalera, con unas magníficas vistas de la bahía, nos
invita a sentarnos en unos sillones, y así pasamos más de una hora de nuestro primero
y lluvioso día en Wellington. Conversación muy agradable y variada, de la vida
y la economía de este país, y del nuestro, de sus anteriores destinos, y algunas anécdotas más.
No hablamos de pájaros, esto va por Juanito, y al contrario
que nosotros, dice que cuando se jubile, lo que quiere es dejar de viajar y
alternar su vida entre La Coruña, su ciudad natal, y Madrid donde tiene también
casa.













