Salimos de Waihi Beach y paramos en Waihi pueblo para ver la
famosa mina de oro Martha’s Mine. Es un agujero enorme a cielo abierto que está
todavía en explotación. Se abrió en 1882 y se estuvo explotando hasta 1952,
llegando a convertirse en la mina más importante de la zona. Se volvió a abrir
en 1988 y no de bede ser ahora muy rentable pues necesitan extraer 1 tonelada
de roca para conseguir entre 3 y 6 gramos de oro.
Paramos en Tauranga que tiene el puerto más transitado del
país, con refinerías de petróleo, montañas de carbón y madera. Según nos vamos adentrando hacia el centro, y
donde nos indica que está la oficina de información, la i-site, vamos pasando
por una gran zona industrial.
Llegamos ya a lo que es el meollo, y siguiendo las
indicaciones para llegar a la i-site, vamos pasando por una calle que deja una
bahía por la izquierda, la Pilot Bay, donde está atracados dos enormes
ferrys, los pasajeros están bajando todos con su credencial colgada del cuello.
Parece que hay más borregos que los que se ven por el campo.
Está al pié del Monte Maunganui de 231 mts., que nos
recomiendan recorrer como mirador de la costa, pues se hace un ascenso y
descenso dándole la vuelta. Según iniciamos el ascenso se ve la playa de
Tauranga Beach de arena blanca, con bastante gente haciendo deporte, hoy hace
un día estupendo.
Seguimos el ascenso
bordeando el monte y enfrente tenemos la isla de Matakana que hace de cierre de
la bahía de Tauranga Harbour. Seguido de
la Tauranga Beach se pueden ver en cada entrante de la costa, playas y playas
de arena blanca, y lo mismo en la isla de Matakana.
Entre Matakana y Mt.Maunganui está la entrada del puerto y
desde arriba vemos como entran y salen barcos llenos de contenedores.
A mí por ese lado, la subida me da un vértigo enorme, no hay
valla de protección, y aunque es un camino que una persona cabe con mucha amplitud,
yo subo pegada a la pared, lo paso fatal.
El último repecho se hace por escaleras y desde la cima se
puede ver el puerto, enorme, lleno de grúas para descargar los contenedores,
factorías, y todo lo que se puede uno imaginar de un gran puerto. Arriba
estamos un buen rato disfrutando de las vistas.
Descendemos por la otra ladera que es más llevadera, pues no
está con el corte del acantilado, sino que por aquí pueden subir 4x4. Una
excursión preciosa en la que nos tiramos unas 2 horitas, y seguimos hacia
Rotorua donde recalamos en el camping y nos dedicamos a hacer planes para los
días siguientes, si el tiempo nos acompaña. Este camping también tiene un par
de piletas calientes, y hasta ahora es el más caro de todos.
Esta noche también 2 edredones baja la temperatura hasta
3 grados, aunque no nos enteramos, dormimos como lirones.
A la mañana, ya en Rotorua, pueblo con un gran lago del
mismo nombre, nos dirigimos a un poblado llamado Whakarewarewa que está regentado por los “tangata whenua” maoríes.
En la entrada hay un pequeño museo con fotografías de la zona y de pobladores
organizadas por épocas, y productos elaborados por ellos, como cestas tejidas
con lino, ropas, piezas de jade, hueso, y nácar que extraen de la paua que un
molusco que es el que nosotros llamamos avalón o avulón. Es uno de los objetos
que más se ven en las tiendas de regalos, hay pauas de todos los tamaños.
En este museo hay una lugareña pequeña pero fornida, ataviada
con una capa de plumas que forma parte de sus vestimentas encima de un pantalón
y una camiseta negra, pero a lo que ha añadido un sombrero rojo de los de
tenis, y unas gafas negras, que hace un conjunto muy gracioso. Está
confeccionando una falda, que está formada por tiras de lino o maorí que
trabajado parece que son canutillos de madera. Viéndola de cerca podemos
apreciar el bonito resultado.
Empieza la visita con una representación de sus bailes, pero
como tenemos tiempo hasta que empiece, nos damos primero una vuelta por el poblado,
y ahí podemos ver cómo sale el agua hirviendo por todos los lados. Cuecen las
mazorcas en una bolsa que con una cuerda la sumergen en 120 grados, y salen
listas para degustar. Y unos hornos en el suelo donde el propio calor que emana
de la tierra en la que están enterrados, hace que se cueza cualquier tipo de
alimento. En el restaurante del poblado, se puede probar.
También vemos desde un mirador, cómo escupen los dos
geiseres, el Pohutu y el Prince of Walles Feathers. Desde donde estamos no nos
parece que lleguen a 30 metros de altura como dicen pero será, de todas formas
impresiona. De esto no tengo fotos, es difícil pillar los escupitajos del geiser, tengo sacado video.
La representación folclórica nos gusta más que la que vimos
en Waitangi, la vestimenta es más bonita, las chicas llevan unos corpiños
tejidos y unas faldas como la que estaba confeccionando la señora de la entrada,
el grupo es más numeroso y cantan y bailan muy bien. Parte del atrezzo lo
constituyen unas pelotas que están al final de unas cuerdas, y que al moverlas
las hacen rebotar y sonar con los brazos y las manos; es difícil explicar pero
muy bonito de ver, es un ejercicio de una habilidad increíble.
Nada más acabar, nos espera la guía al principio del poblado
para hacer el recorrido punto por punto, y resulta ser la amiga del sombrero
rojo, nos hemos fijado en las otras guías y esta es la más auténtica, con diferencia
de la siguiente. Las demás están vestidas con ropa normal.
Al inicio, se pasa por un puentecito abajo del cual hay unos
cuantos niños bañándose y pidiendo a los turistas que les echen monedas, que recogen
y guardan en la boca. Me ha recordado al puerto de Lekeitio hace años.
Efectivamente, nos va relatando cada borbotón hirviente que
están numerados, según lo que significa para ellos (a veces nos acaba la
explicación con una canción, con una bonita voz), y según las temperaturas que
alcanzan. Volvemos a ver a los geiseres desde otro mirador más cercano al
anterior, lanzando agua a presión a una altura considerable.
Acabamos en una de la tiendas (hay 2) acabo comprando un
colgante de jade que me gusta y una pulsera de trocitos de paua y bolitas.
Marisol, ya voy apañando.
Después de comer hemos ido a pasear por el parque de Kirau,
enorme, con una hierba mullida, árboles, y un montón de pozos acotados con sus
vallitas, por los que se asoman hirviendo las entrañas de Rotorua. También hay
unos baños de pies, de unos 40cm. de profundidad, para que te sientes y metas
los pinreles, muy agradable la idea, que sientan de cine después de una buena
caminata.
Y por último al caer la tarde, hemos ido a Ohinemuto, un barrio
maorí en la ribera del lago Rotorua, el cual es famoso por la manera en la que
se han mezclado la cultura maorí y la europea. Por ejemplo la Casa de
Ceremonias y Reunión maorí, enfrente de una iglesia anglicana. Otro ejemplo, la
Casa de Ceremonias, tiene ventanas con cristales tallados, algo totalmente
inusual. Y las casas una sí, una no, una sí, una no, alternando maorí con
europeo, y el suelo que es común, con el empedrado levantado en pequeñas zonas,
por el agua en ebullición.
En la ribera del lago al costado de la iglesia, un montón de
cisnes negros, con sus pollitos, tanto corriendo por la hierba, como nadando.
Aquí coincidimos con un grupo de españoles que los trae la
agencia BANOA, con la que nosotros fuimos a la India, el guía de Gasteiz,
charlamos un poco con ellos y nos volvemos al camping.
Todavía el día tiene luz y yo me voy a las piscinas
calientes del camping, que se está de cine, sólo con la cabeza fuera para que
no te pille el fresco; como no son muy grandes, hay que confraternizar, y allí me
enrollo con una neozelandesa de Auckland, su nuera y 2 nietos, James que está
fuera de la piscina con pijama de possum (animalito parecido a una comadreja),
bien abrigado, que me cuenta hasta 10 en español, y Jordan más pequeño, en el
agua con su madre y su abuela, jugando conmigo a echarnos agua. Nos entendemos
bien, y me cuenta cosas que podemos hacer.
Hoy por primera vez hemos enchufado el calefactor en La
Cirila, antes de dormir con 2 edredones para caldear el ambiente. La
temperatura de la noche, entre 3 y 5 grados.







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