Antes de ir a los fiordos hemos
estado varios días mirando los pronósticos del tiempo porque si hace malo no merece la pena. Hemos reservado los cruceros y los alojamientos porque en este
lugar están de lo más cotizados y ya están empezando las vacaciones de los
neozelandeses que también viajan.
Vamos por la carretera turística
que va por la costa hacia el oeste, pasa por Tuatapere, Manapouri y Te Anau y sigue hacia el norte hasta
Milford Sound.
Por la costa paramos en Colac Bay
bonita playa de surfers, buena para que practique Agus sin tener que pelearse para
buscar sitio.
Antes justo de empezar a subir
hacia el norte, todavía en la costa, paramos en el mirador de Mc Cracken’s
desde donde se ve la bahía de Waewae, y aunque las indicaciones dicen que se
pueden ver ballenas y delfines de Héctor, nosotros no vemos más que unas vacas
pastando, el mar está bastante agitado y hay unas olas muy bonitas.
También paramos en Clifden para
ver el Puente Colgante de madera, que es uno de los más largos de la Isla Sur y
se construyó en 1.899. Ya no se utiliza para vehículos, aunque se puede
transitar y es muy seguro.
Pasamos por Manapouri con un
grande y bonito lago donde se encuentra la central hidroeleéctrica de West Arm
la más potente del país; un túnel excavado en el interior de la montaña hace
caer bruscamente el agua del lago, 180 mts. hasta el Doubtful Sound,
accionando las turbinas.
Pasamos por un río cuyas orillas están plagadas de lupinos, una planta que forma unas alfombras de colores allá por donde se propaga. En este caso la combinación de colores va del rosa al morado y no podemos resistir la tentación de hacer unas fotos.
El siguiente pueblo importante es
Te Anau también con un gran lago, se ve que tiene movimiento. Desde aquí
se organizan muchos de los viajes por los fiordos, aunque se tarda en llegar
unas 2 horas a Milford. Las agencias recogen a la gente en los hoteles muy
pronto, y una vez acaba el crucero, las vuelven a dejar en los hoteles, pero
nosotros preferimos ir hasta Milford e iniciar desde allí el crucero.
De camino vemos otro de los
puntos que se pueden hacer andando dentro de la ruta y es el Lake Marian, pero
aunque nos hubiera gustado se tarda tres horas a pie y no es el propósito del
día.
La carretera está rodeada por
picos nevados, y así llegamos al Túnel de Homer de 1.207 mts. El túnel en este
trayecto transcurre cuesta abajo con una pronunciada pendiente y muy mal
iluminado.
Te salen a recibir los kea o loros alpinos y al coche de delante se le suben al espejo retrovisor casi se meten dentro del coche, son muy descarados.
MILFORD SOUND
Llegamos a Milford con la
sorpresa de que se han equivocado de día en nuestra reserva y está el camping
completo. Menos mal que teníamos la confirmación y como no nos íbamos a mover
de allí, no hay ninguna acomodación mejor más cercana, y la equivocación era de
ellos, nos han colocado en un sitio con electricidad para la caravana, cerca de
del edificio central, y no nos han cobrado nada.
Con lo que nos hemos ahorrado hemos
cenado en el PIO-PIO Bar que está dentro del camping porque la cocina estaba a
tope de gente y no había BBQ.
Este fiordo tiene 16 km. de
longitud. La mañana del crucero sale espléndida, desde el embarcadero el Monte
Mitre de 1.692 metros se ve precioso, es la imagen de todos los folletos de
Milford Sound y está en el comienzo del fiordo. Nos embadurnamos de repelente
de mosquitas pues aquí atacan las sunfly que casi no las ves pero que a mí ya
me han picado en algún otro sitio, te dejan dentro el veneno y cuesta sacarlo y
curar el picotazo.
En el barco vamos 24 personas, no
nos estorbamos, aunque tiene capacidad para unos 60, los únicos que se
distinguen son una pareja ella con velo que parecen recién casados, el no para
de sacarla fotos, y ella poniendo caritas, es un empalago constante, c’est
l’amour.
Hemos elegido una compañía que no
tiene los barcos grandes y así evitamos el compartir la excursión con un montón
de gente que te agobia. Vamos casi todos en la cubierta de arriba, que tiene
una parte techada por si llueve. Nada más salir nos tenemos que poner los
anoraks pues el aire se mueve que da gusto.
El pronóstico es bueno pero a
medida que nos vamos adentrando en el fiordo, las nubes y la niebla van
cayendo, y no se ve ninguna cumbre, es una pena. El panorama no obstante es
precioso, las paredes casi verticales, con cascadas cuyo origen no podemos ver
a veces. Seguimos avanzando y se pone a llover, lo que no nos impide seguir
admirando el paisaje gracias a los gorros y los chotos de los chubasqueros.
Alguna foto sale con el visor lleno de gotas.
A medida que vamos avanzando
hacia la salida a la mar, nuestras expectativas van bajando, ya no se arregla
este tiempo. Llegamos a la Bahía de Anita y un poco más adelante a la de St.
Anne. Y ya casi en la línea de la mar, nos saludan unas cuantas focas desde
unas rocas.
En el trayecto de vuelta, que no
para de llover, intentamos ver los glaciares del Monte Tutoko que es el más
alto de los que se pueden ver desde el Milford Sound, distinguimos el inicio, según
nos explica el guía que nos va relatando todos los pormenores por megafonía.
Y
así acaba nuestra visita al fiordo. Son las 13:30 y al llegar al embarcadero,
el Mitre Peak que tan bien habíamos visto por la mañana, ahora se ve envuelto
en la niebla.
Comemos algo y salimos para
Manapouri donde tenemos alojamiento para 2 noches en una casita, aprovechando
una oferta de booking en la reserva. Hemos reservado también el crucero por el
fiordo Doubtful Sound, que requiere más tiempo pues se empieza la visita por la
mañana y se termina hacia las 6 de la tarde.
Paramos en Chasm, merece la pena,
es un recorrido remontando el río Cluder hasta unas pasarelas que quedan a 22
mts. de altura sobre el río, desde donde se ve la fuerza con la que baja, las
formas caprichosas y oquedades que ha formado en las rocas, a fuerza de la
erosión, los arboles retenidos forman también en conjunto una imagen que
impresiona. El río baja con mucha fuerza ya que se va abriendo paso entre
estrecheces que le retienen para soltarlo en brusca caída después.
Pasamos por Te Anau, con sol, que
dura poco pues vuelve a llover, y nos sorprende ver una iglesia transparente.
La imagen vale más que mil palabras.
Llegada al camping de Manapouri que
está al borde del Lago del mismo nombre, y a nuestra casita que parece de
juguete, el camping entre vegetación, y con detalles decorativos de difícil
definición.
Nos vamos a cenar a lo que
creíamos que era una Iglesia al pasar por el pueblo, y ha resultado ser EL
Restaurante Pearl Harbourg, donde nos atienden genial, y cenamos muy a gusto.
Al llegar al camping vemos que
sale un paseo por el borde del lago, y como el día está muy claro aunque son
las 9 de la noche, decidimos ver a donde llega, y nos sorprende gratamente que
para llegar al embarcadero de los cruceros se tardan escasos 10 minutos, así
que decidimos que mañana en vez de ir por la carretera y dejar aparcada la
caravana todo el día en el parking del embarcadero, la dejamos en el camping
más segura y enchufada a la corriente.
DOUBTFUL SOUND
Hemos dormido fenomenal en la
casita, tiene un sistema de calefacción que se va acomodando al frío del
exterior, sin que nosotros tengamos que ajustar nada. Paseíto mañanero por el
bosquecillo que bordea el lago, hasta el embarcadero, donde nos vamos concentrando
los viajeros, a los que nos dan el paquete con la comida ya que la excursión es
larga.
El fiordo Doubtful se llama así
porque cuando llegó el capitán Cook a NZ en 1.770, al ver la estrecha entrada
del fiordo, tuvo la duda (doubtful) de si su barco entraría o no por ella.
Tiene 40 km de longitud en varios brazos, y 421 mts. de profundidad máxima.
La salida es a las 8:00, los de la
agendia Orange que somos nosotros, con los de Real Journey, mucho más numerosos; primero
hay que atravesar el lago Manapouri con unas bonitas vistas pero el día no
acaba de levantar, hoy también el pronóstico es bueno pero ya no nos fiamos,
ahora está muy nublado.
A las 9:00 nos montamos en buses las dos agencias por separado y tenemos que atravesar las montañas por una
carretera de grava para llegar al fiordo. Nos lleva una conductora que nos va
relatando los distintos tipos de vegetación, árboles y animales que habitan la zona. Aquí arriba
está totalmente cerrado, parece que vamos entre las nubes. Detiene el autobús
para ver el inicio de una cascada en cabellera, nos sigue contando los
pormenores del trayecto, y nos da una piel de possum para que nos la vayamos
pasando y comprobemos lo suave que es.
Nos volvemos a proteger con
repelente de sunfly, mosquitas que están por todas partes, aun así alguna se
cuela entre la ropa, no lo puedes evitar. Estas no pican, dan mordiscos.
Hace otra parada en Wilmot Pass desde
donde se divisa el Doubtfull, y todos los montes que lo rodean totalmente
metidos entre las nubes preciosa vista, impresiona la altura por la que estamos
pasando, nos hemos cruzado con otro autobús y no comprendemos cómo pueden pasar
los dos, se ve que estos conductores pueden hacer este trayecto con los ojos
cerrados.
Son ya las 10:00 y salimos los de
Orange en nuestro barquito, somos unos 25. El tiempo ha ido mejorando, las
cumbres se van despejando pero no dejan ver las montañas en toda su altura.
Vamos descubriendo según
avanzamos las distintas entradas por las que no vamos, y cogemos la que va
hasta la mar. Recodos entre montañas, cascadas, formaciones rocosas, y vegetación
tropical que acoge a gran cantidad de pájaros y animales marinos.
Todos más o menos abrigados y la
conductora del bus, un buen rato en cubierta conversando, en camiseta, es total.
Al llegar casi al final, nos acercamos a una
pequeña isla que parece que suele haber pingüinos pero no salen a recibirnos.
Damos la vuelta a Bauza Island y
ya entonces nos acompañan durante un rato unos cuantos delfines mulares, que se
divierten danto saltos, durante una pequeña parte del camino de regreso.
Estando en la cubierta, descubrimos a una pareja de catalanes, Mireia y Jose
María, que no habíamos descubierto antes, ni ellos a nosotros.
De regreso podemos experimentar mejor la sensación de ir por una garganta entre altas montañas y apreciar mejor las cumbres y la vegetación que nos rodea, no como a primera hora en el viaje de ida.
Montamos en el bus para volver a atravesar la cadena montañosa que nos separa del Lago Manapouri y nos vuelve a parar en Wilmot
Pass, desde donde ahora podemos ver el Doubtful totalmente despejado.
Y nos
acerca hasta un túnel que pertenece a la central hidroeléctrica de Manapouri, que
se ha reconstruido en 1.960. Para acercarse ahí, el autobús pasa por un puente
que lo abarca de lado a lado, la conductora lo tiene calculado al milímetro.
Cogemos un barco pequeño para
atravesar el lago Manapouri de vuelta, con un tiempo magnífico, y disfrutamos
del sol en la cubierta de arriba, conversando con Mireia y Jose María, ahora sí
que podemos ver todas las cumbres nevadas y disfrutar del paisaje que parece
otro completamente distinto del de la mañana.
A ambos nos ha llamado la
atención la actitud tanto de la conductora del bus como la del capitán del
barco. Ella ha llevado el bus por la montaña ida y vuelta, mientras nos iba
contando con el micro, todo lo que íbamos viendo; el capitán ha llevado el
barco a la vez que hacía de guía también con el micro. Y a la vuelta, le ha
dado los mandos a la conductora del bus, mientras él fregaba las tazas de los
cafés y tés que nos hemos tomado durante el trayecto. Valen para todo.
Acabada la excursión ya son las 7 de la tarde, desembarcamos,
nos despedimos de la pareja catalana, y nos damos una vuelta por el pueblo,
acabando en un banco de madera hecho de un solo árbol tomando el sol frente al
lago.