miércoles, 17 de diciembre de 2014

De GREYMOUTH a HAAST pasando por los Glaciares FRANZ JOSEF y FOX

Salimos de Greymouth con la esperanza de ver mañana los famosos glaciares pues el pronóstico del tiempo se anuncia bueno.

El primer pueblo que encontramos es Hokitika, famoso por los artesanos que trabajan el jade (nefrita), piedra verde que se desprende de las montañas y baja por los ríos a la Costa Oeste. Parece ser un buen negocio, a juzgar por los autobuses de asiáticos parados en la puerta de las tiendas, lo compran todo. Nos acercamos a ver los trabajos y realmente son originales, y las piedras de bonitos tipos de verde, llegando al amarillo, que es una rara variedad. Yo también hago mi comprita.




Hokitika tiene una gran  playa de piedra muy abierta llena de palos, hoy el día luce espléndido y la mar está en calma.

Una de las cosas que más nos sorprenden son la cantidad de puentes que hay por las dos islas, y que son de única dirección, es fácil pasarlos puesto que en cada lado del puente pone quién de los dos lados tiene la preferencia, y se respeta. Pero el puente de hoy, ya es lo más, no sólo lo atraviesan los coches sino también el tren como bien puede verse, esperemos que se cierren las barreras a tiempo.





En el camino nos paramos para admirar el Lago Ianthe, aquí son muy aficionados a la pesca tanto en agua salada como dulce, tiene una rampa para bajar los barcos, y tenemos aquí aparcado un coche con el remolque para el bote, no le vemos pero debe de estar pescando.




Llegamos  al  pueblo de Franz Josef y nos instalamos. Hace un día buenísimo e intentamos contratar el helicóptero para sobrevolar los 2 glaciares y el Monte Cook, pero nos dicen que no hay sitio que no ha y ningún vuelo libre. Así que hacemos la reserva para mañana. Según dice el folleto además pueden aterrizar en los glaciares.  

 Comemos algo y como hace muy buen tiempo, decidimos ir caminando hacia la lengua del glaciar, hay un camino marcado. El circo del glaciar se puede ver a lo lejos.




 Es un bonito paseo bien preparado, vas andando por la morrena, compartiendo el sitio con los ríos que bajan del deshielo, y alguna que otra caída de agua.




Vas contemplando el glaciar al fondo desde su inicio, el río baja de un color lechoso debido a la caliza que arrastra, las piedras formadas por estratos de varios colores de gris y blanco que nos llaman la atención.

Y poco a poco vamos ganando terreno, acercándonos cada vez más al hielo del glaciar,
sorprendentemente en camiseta  pues hace calor. El camino está vallado y pasamos cerca de trozos de hielo desprendidos del glaciar, vamos ascendiendo hasta donde te permiten llegar colocándote enfrente del glaciar mismo, donde la foto es obligada.

 Hasta el año 2.011 se podía caminar por él pero debido a la destrucción que eso ha ocasionado, sólo te dejan verlos en helicóptero o avioneta.






Hacemos el camino a la inversa y según bajamos, vamos viendo el camino que ocupaba el glaciar hasta la mar, pero que ahora ha disminuido considerablemente.





El pueblo está muy animado, los glaciares concentran a un gran número de turistas extranjeros  y nacionales en las terrazas, y decidimos ir a un restaurante muy coqueto que tiene buena pinta. Las camareras muy simpáticas y enrolladas, se ve que tienen buen ambiente entre ellas, hay una  argentina y una neozelandesa de novio argentino, que quieren hablar español, y acabamos haciendo unas risas. Pido rape, que aquí se llama monkfish que está cocinado al horno pero sabe demasiado a una salsa de lima que le han echado por encima.


Segundo día en Franz Josef, a las 10 tenemos el helicóptero pero el día no ha salido como el de ayer, no acaba de levantar, está brumoso. En la agencia de los helicópteros nos dicen que tenemos que esperar un poco a ver si va mejorando, y también que ya es seguro que no se puede ir al Monte Cook. Nos saldrá más barato pero esa no era la gracia.

A la media hora más o menos nos montamos 3 parejas en un bicho y ascendemos hasta los glaciares,  indescriptible, todo un mar de hielo y nieve rodeado de picos, que desde el helicóptero parece que los puedes tocar, desde la altura se puede ver el glaciar en toda su magnitud.

Aquí tenemos una bonita vista del Franz Josef desde arriba.




Nos vamos aproximando al Fox y esto es lo que vemos




Después de sobrevolar el Franz Josef , y el Fox que a nosotros nos parece más impresionante que el anterior, y aterrizamos. Vamos bien abrigados, pero no hace el frío que pensábamos, aunque el viento se hace notar. Nieve virgen, hay mucha nube, y no se puede ver la mar. Nos hacemos la foto de rigor, 




caminamos un poco,




y volvemos de retirada volviendo a dar unas vueltas por encima de los glaciares admirando su belleza.




Acabamos a buena hora y no nos planteamos quedarnos algún día más para sobrevolar el Cook ya que el pronóstico de los días que vienen es mucho peor que hoy, así que seguimos  de camino.

Pasamos por el Lago Moeraki, precioso.


Más adelante está la playa Monro Beach donde se pueden ver pingüinos, así que nos lanzamos a su búsqueda. Atravesamos un puente colgante de madera, 




40 minutos de paseo por un bosque hasta llegar a una playa de piedras, pero de los pingüinos ni señal, deben estar preparando la Navidad. Lo que no sabíamos es que para verlos los mejores momentos del día son al amanecer, y al anochecer, y estamos a media tarde así que ná de ná. Menos mal que este bosque es precioso, todo lleno de musgo, árboles colgantes, troncos retorcidos de mil maneras, no sabes en qué momento pueden aparecer los gnomos.   



                                                   
Después de salir del bosque hacemos parada en Knigts Point con una vista del mar de Tasmania impresionante que hoy está muy calmado.

Y ya llegando a Haast no hacemos más que ver carteles que anuncian “Whaitebait”, nosotros no sabemos lo que es pero parece algo de comer. 

El pueblo cuatro casas, un motel, un camping, un par de bares, una tienda de pueblo, vamos,  la que vende lo mismo alpargatas que mercromina, y además tiene dos mesas y las tenderas están cocinando.  Les preguntamos qué es el “whitebait” y nos dice que unos pequeños pescados pero seguimos sin saber cómo son.

Lo preguntamos en el camping y nos enseñan un paquete congelado de… ¡¡¡angulas!!! y nos indican que el mejor sitio para comerlas es el restaurante de Hard Antler y allí nos encaminamos.  Las preparan en tortilla, y no están mal, además no están caras, pero nosotros las seguimos añorando con aceite y ajitos, así que el planning es comprarlas donde sea para prepararlas.




 El sitio muy bonito, tiene un bar con mesas altas para taburetes todo en madera, y lleno de lugareños con las birras, y algo parecido a los chupitos que se lo sirven de una tetera. 

Hoy nos dormimos con el ruido de la lluvia en la Cirila.





2 comentarios:

  1. Hoy he recordado una frase que vino a mi memoria hace diez segundos. “Te quiero decir algo, pero no sé cómo.”

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