Según salimos de Picton telefoneamos a T.J. para
despedirnos, y agradecerle su amabilidad, nos despide hasta la vuelta muy
amable, lamenta no haber estado para coger el teléfono el día anterior.
Paramos en Blenheim pero no lo suficiente para ver el
pueblo. En la i-site nos recomiendan ir a una ciudad en miniatura que simula
las casas de finales del XIX, principios del XX, que incluso tiene un tren que
funciona. Lamentablemente sólo lo hace los dos primeros domingos de cada mes, y
hoy no es uno de ellos.
Hay una asociación con un verdadero culto a lo vintage, y en una de las casitas hay unas cuantas señoras hilando con unas ruecas, y me enseñan cómo lo hacen.
Y aunque parezca que estamos en una película del oeste americano, estamos en Nueva Zelanda en el siglo XIX.
El viaje de Picton a Kaikoura que es nuestro destino de hoy,
se hace bordeando la costa Este, y entre la carretera y la mar, discurre la vía
del tren, es un paisaje precioso.
Kaikoura es un pueblo costero con una gran playa de piedras, por supuesto, y rodeada de montañas que aun mantienen la nieve.
Según llegamos al camping de kaikoura nos encontramos con
las valencianas que conocí en el camping de Orewa el segundo día de nuestro
viaje en la Cirila. Muy simpáticas, todos nos queremos contar nuestras andanzas
y armamos un pequeño batiburrillo en la recepción. Hacemos la reserva juntos
para ver las ballenas al día siguiente y nosotros nos vamos a dar una vuelta
por el pintoresco pueblo.
El Pub más molón es The Whaler, también parece del Oeste, todo en madera por fuera y por dentro y con un buen ambiente local. este pueblo también tiene vida.
Al día siguiente a las 9:30, la hora convenida estamos en el
Whale Whatch, junto a la playa, que es a la vez la estación de tren, y punto de recepción de los navegantes que hemos hecho la reserva
para ir a ver ballenas. El día se ha
levantado muy ventoso y amenaza lluvia, con lo cual nos dicen que vamos a esperar
un poco mientras mejora. Parece que mejora algo el pronóstico pero aún así
desaconsejan el viaje a las embarazadas y a los niños menores de 6 años.
Curiosamente en esta excursión estábamos más de 9 españoles,
las valencianas, una pareja de Bilbao que hemos conocido desayunando en el
camping, dos parejas más, tres amigos, uno de los cuales, gallego, se ha
mareado a causa del movimiento del barco por el oleaje, y lo ha pasado fatal.
El barco se mueve que da gusto, vamos saliendo de la bahía, a buena velocidad, todos
sentados en su sitio en el interior hasta que después de una media hora nos avisan que parece que anda
alguna ballena, paran el barco y salimos a cubierta, meten una sonda para ver
si oyen a alguna, dan un rodeo…. pero nada, otra vez todos dentro.
Vuelven a meter motor y salta que te salta las olas, y el
pobre gallego con el cuerpo del revés. Salen algo más de la bahía, dan varias
vueltas, y de repente se paran, salimos todos fuera, y efectivamente, ahí está
tan tranquila resoplando, le vemos el lomo, y la aleta dorsal, todos como japoneses con las
cámaras, llega algún otro barco con más turistas, creemos que se avisan por
radio para optimizar la excursión.
Y llega el momento cumbre que todos esperamos, cuando la ballena arquea
el lomo, se la ve mejor, y con un impulso saca la cola lentamente y se sumerge
mostrando la imagen clásica de le cola de la ballena, aunque no es tan bonita
porque la cogemos de perfil.
Según estamos impresionados por la escena aparecen unos
cuantos delfines, grandes y pequeños que nos rodean, pasan por debajo del
barco, saltan, vamos, toda una exhibición acrobática. Es muy difícil sacarlos
con la cámara porque van muy deprisa.
Y contentos nos vamos de vuelta pasando por dos islotes en
los podemos ver unas focas trepando por la pared.
Pero no, nos mandan bajar otra vez a nuestros asientos, les
han debido de avisar, hay helicópteros también sobrevolando, es otra opción para ver las ballenas desde el aire. Viramos a todo motor y volvemos a salir hasta donde
parece estar otra ballena tomando el sol. Esta vez el barco se coloca detrás y
podemos ver con claridad el tamaño y la anchura del bicho. Y ella a lo suyo,
tranquilamente, resopla que resopla.
Estamos también un buen rato hasta que
vuelve a hacer la misma operación arquea el lomo y según se sumerge saca la cola
que todos intentamos perpetuar.
Yo consigo sacarla en vídeo pero Maria Luisa una de las
valencianas, que saca unas fotos estupendas, ha conseguido la imagen perfecta,
y me la pasa.
Y ahora sí, todos contentos nos volvemos al embarcadero.
La pareja de bilbaínos nos comentan que a unos quince
minutos en coche hay una pequeña catarata en la que inexplicablemente se están
bañando unas crías de foca, ya que no tiene ningún contacto con la mar. Se han
ofrecido a llevarnos las valencianas en su coche para que no moviéramos la
Cirila, y allí nos encaminamos con Cristina a los mandos.
Es una cosa curiosa, se están bañando en el remanso al pie
de la cascada, es divertido verlas entrar y salir jugueteando, pero seguimos
sin explicarnos cómo han llegado hasta ahí.
Cerca está lo que se anuncia como
una colonia de focas en unas formaciones rocosas de la costa, y nos paramos un
buen rato para admirar sus evoluciones desde un mirador y hacer las consabidas fotos.
Vuelta al pueblo, nosotros nos quedamos a comer unas pizzas
buenísimas en Garage Gorje, mientras Cristina y María Luisa vuelven al camping,
tenían ya su comida planificada, y quedamos para tomar unas cervezas juntos
después. Con unos helados nos tumbamos
en la hierba que rodea la playa a disfrutar del calorcito del sol.
Y llega la hora de las cervezas que se junta con la de la
cena, y como ninguno teníamos demasiado interés en ir al pueblo, hemos hecho
una cena los cuatro en la cocina del camping que estaba cómoda, compartiendo lo
que cada uno teníamos más o menos planificado.
Nosotros hemos hecho
la ensalada tropical siguiendo la receta de Marisol y Josefito, aunque no ha
quedado muy bien porque el mango estaba un poco verde, y ellas han puesto
tomate en ensalada, humus y varios quesos con unas cracker, todo muy rico. Y
como buenas valencianas, abundante fruta de postre. Todo ello regado por unas
cervezas en animada charla.
Da gusto poder compartir opiniones y experiencias con
personas tan respetuosas y tolerantes con las opiniones de los demás, han
viajado muchísimo, venían de Australia, y después de NZ, se van a Kuala Lumpur,
en esto de los viajes nos sacan traineras. Son todo positivismo, esperamos
volver a verlas. Como ellas ya entregaban el coche en breve, se querían
deshacer de utensilios y nos han regalado unas cucharas de madera que nos están viniendo estupendamente, el set de cocina que va con la Cirila sólo cubre los mínimos.
A la mañana salimos para Christchurch, por cierto Aiala, qué
tal vas con la geografía de NZ? Ya sabes que cuando vuelva te voy a tomar la
lección. Y a lo que iba, como el tiempo es muy bueno, pasamos de largo
Christchurch y llegamos hasta AKAROA que está en la península de Banks,un poco
más abajo de Christchurch.
Es un
bonito enclave veraniego, la primera ciudad que colonizaron los primeros 57
franceses que llegaron a NZ en 1.840, expansión que fue ahogada rápidamente por
los ingleses que acababan de firmar el Tratado de Waitangi, afirmando así su
soberanía. De sus reminiscencias dan buena cuenta algunos edificios de influencia
gala que vemos según pasamos de camino al camping que está en un alto y sacamos
unas fotos de la bahía.
Como el trayecto de conducción ha sido largo, nos
quedamos en el camping, y hacemos planes para mañana que se aventura un día
espléndido.
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