sábado, 6 de diciembre de 2014

KAIKOURA

Según salimos de Picton telefoneamos a T.J. para despedirnos, y agradecerle su amabilidad, nos despide hasta la vuelta muy amable, lamenta no haber estado para coger el teléfono el día anterior.
Paramos en Blenheim pero no lo suficiente para ver el pueblo. En la i-site nos recomiendan ir a una ciudad en miniatura que simula las casas de finales del XIX, principios del XX, que incluso tiene un tren que funciona. Lamentablemente sólo lo hace los dos primeros domingos de cada mes, y hoy no es uno de ellos.




Hay una asociación con un verdadero culto a lo vintage, y en una de las casitas hay unas cuantas señoras hilando con unas ruecas, y me enseñan cómo lo hacen. 



Y aunque parezca que estamos en una película del oeste americano, estamos en Nueva Zelanda en el siglo XIX.




El viaje de Picton a Kaikoura que es nuestro destino de hoy, se hace bordeando la costa Este, y entre la carretera y la mar, discurre la vía del tren, es un paisaje precioso. 

Kaikoura es un pueblo costero con una gran playa de piedras, por supuesto, y rodeada de montañas que aun mantienen la nieve.




Según llegamos al camping de kaikoura nos encontramos con las valencianas que conocí en el camping de Orewa el segundo día de nuestro viaje en la Cirila. Muy simpáticas, todos nos queremos contar nuestras andanzas y armamos un pequeño batiburrillo en la recepción. Hacemos la reserva juntos para ver las ballenas al día siguiente y nosotros nos vamos a dar una vuelta por el pintoresco pueblo. 

El Pub más molón es The Whaler, también parece del Oeste, todo en madera por fuera y por dentro y con un buen ambiente local. este pueblo también tiene vida.




Al día siguiente a las 9:30, la hora convenida estamos en el Whale Whatch, junto a la playa, que es a la vez la estación de tren, y punto de recepción de los navegantes que hemos hecho la reserva para  ir a ver ballenas. El día se ha levantado muy ventoso y amenaza lluvia, con lo cual nos dicen que vamos a esperar un poco mientras mejora. Parece que mejora algo el pronóstico pero aún así desaconsejan el viaje a las embarazadas y a los niños menores de 6 años.




Curiosamente en esta excursión estábamos más de 9 españoles, las valencianas, una pareja de Bilbao que hemos conocido desayunando en el camping, dos parejas más, tres amigos, uno de los cuales, gallego, se ha mareado a causa del movimiento del barco por el oleaje, y lo ha pasado fatal.

El barco se mueve que da gusto, vamos saliendo de la bahía, a buena velocidad, todos sentados en su sitio en el interior hasta que después de una media hora nos avisan que parece que anda alguna ballena, paran el barco y salimos a cubierta, meten una sonda para ver si oyen a alguna, dan un rodeo…. pero nada, otra vez todos dentro.




Vuelven a meter motor y salta que te salta las olas, y el pobre gallego con el cuerpo del revés. Salen algo más de la bahía, dan varias vueltas, y de repente se paran, salimos todos fuera, y efectivamente, ahí está tan tranquila resoplando, le vemos el lomo, y la aleta dorsal, todos como japoneses con las cámaras, llega algún otro barco con más turistas, creemos que se avisan por radio para optimizar la excursión.





Y llega el momento cumbre que todos esperamos, cuando la ballena arquea el lomo, se la ve mejor, y con un impulso saca la cola lentamente y se sumerge mostrando la imagen clásica de le cola de la ballena, aunque no es tan bonita porque la cogemos de perfil.

Según estamos impresionados por la escena aparecen unos cuantos delfines, grandes y pequeños que nos rodean, pasan por debajo del barco, saltan, vamos, toda una exhibición acrobática. Es muy difícil sacarlos con la cámara porque van muy deprisa.

Y contentos nos vamos de vuelta pasando por dos islotes en los podemos ver unas focas trepando por la pared.

Pero no, nos mandan bajar otra vez a nuestros asientos, les han debido de avisar, hay helicópteros también sobrevolando, es otra opción para ver las ballenas desde el aire. Viramos a todo motor y volvemos a salir hasta donde parece estar otra ballena tomando el sol. Esta vez el barco se coloca detrás y podemos ver con claridad el tamaño y la anchura del bicho. Y ella a lo suyo, tranquilamente, resopla que resopla. 




Estamos también un buen rato hasta que vuelve a hacer la misma operación arquea el lomo y según se sumerge saca la cola que todos intentamos perpetuar.
Yo consigo sacarla en vídeo pero Maria Luisa una de las valencianas, que saca unas fotos estupendas, ha conseguido la imagen perfecta, y me la pasa.




Y ahora sí, todos contentos nos volvemos al embarcadero.

La pareja de bilbaínos nos comentan que a unos quince minutos en coche hay una pequeña catarata en la que inexplicablemente se están bañando unas crías de foca, ya que no tiene ningún contacto con la mar. Se han ofrecido a llevarnos las valencianas en su coche para que no moviéramos la Cirila, y allí nos encaminamos con Cristina a los mandos.




Es una cosa curiosa, se están bañando en el remanso al pie de la cascada, es divertido verlas entrar y salir jugueteando, pero seguimos sin explicarnos cómo han llegado hasta ahí.




Cerca está lo que se anuncia como una colonia de focas en unas formaciones rocosas de la costa, y nos paramos un buen rato para admirar sus evoluciones desde un mirador y hacer las consabidas fotos.




Vuelta al pueblo, nosotros nos quedamos a comer unas pizzas buenísimas en Garage Gorje, mientras Cristina y María Luisa vuelven al camping, tenían ya su comida planificada, y quedamos para tomar unas cervezas juntos después. Con unos helados nos tumbamos  en la hierba que rodea la playa a disfrutar del calorcito del sol.




Y llega la hora de las cervezas que se junta con la de la cena, y como ninguno teníamos demasiado interés en ir al pueblo, hemos hecho una cena los cuatro en la cocina del camping que estaba cómoda, compartiendo lo que cada uno teníamos más o menos planificado.

 Nosotros hemos hecho la ensalada tropical siguiendo la receta de Marisol y Josefito, aunque no ha quedado muy bien porque el mango estaba un poco verde, y ellas han puesto tomate en ensalada, humus y varios quesos con unas cracker, todo muy rico. Y como buenas valencianas, abundante fruta de postre. Todo ello regado por unas cervezas en animada charla.

Da gusto poder compartir opiniones y experiencias con personas tan respetuosas y tolerantes con las opiniones de los demás, han viajado muchísimo, venían de Australia, y después de NZ, se van a Kuala Lumpur, en esto de los viajes nos sacan traineras. Son todo positivismo, esperamos volver a verlas. Como ellas ya entregaban el coche en breve, se querían deshacer de utensilios y nos han regalado unas cucharas de madera que nos están viniendo estupendamente, el set de cocina que va con la Cirila sólo cubre los mínimos.

A la mañana salimos para Christchurch, por cierto Aiala, qué tal vas con la geografía de NZ? Ya sabes que cuando vuelva te voy a tomar la lección. Y a lo que iba, como el tiempo es muy bueno, pasamos de largo Christchurch y llegamos hasta AKAROA que está en la península de Banks,un poco más abajo de Christchurch.

Es un bonito enclave veraniego, la primera ciudad que colonizaron los primeros 57 franceses que llegaron a NZ en 1.840, expansión que fue ahogada rápidamente por los ingleses que acababan de firmar el Tratado de Waitangi, afirmando así su soberanía. De sus reminiscencias dan buena cuenta algunos edificios de influencia gala que vemos según pasamos de camino al camping que está en un alto y sacamos unas fotos de la bahía.




 Como el trayecto de conducción ha sido largo, nos quedamos en el camping, y hacemos planes para mañana que se aventura un día espléndido. 



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