Ciudad universitaria de la costa Este, nada más llegar dejamos la Cirila
en el camping y nos vamos al centro en bus. En mismo centro está el Octagon,
una plaza octogonal rodeada de animadas terrazas en la parte orientada al oeste
disfrutando del sol de la tarde, y por el otro lado por varias construcciones
en piedra, las Cámaras municipales, la Catedral de St.Paul, anglicana, la
Public Art Gallery, y el Centro Cívico. La piedra procede de las canteras de
Oamaru, ciudad más al norte, en la misma costa este.
Más visitada que la
Catedral y más bonita es la First Church, presbiteriana, con una alta aguja.
Por dentro todo en madera, los contrafuertes del techo, bancos muy cuidados,
mucha claridad, rosetón y bonitas vidrieras, y los tubos del órgano a ambos
lados del altar, éste en madera y piedra tallada.
La verdad es que los edificios importantes de esta ciudad
están en un radio pequeño y nos acercamos a la Estación de tren, impresionante
tanto por fuera como por dentro.
El hall de las taquillas con el suelo en
mosaico con motivos alusivos al tren,
desde donde se accede por una escalera al primer piso con balconcillo hacia el hall, y bonitas vidrieras. Fuera hay una
exposición de vagones de distintas épocas y una locomotora. El tren llegando.
Yo estoy un poco acatarrada, en cuanto el sol deja de
calentar se nota el aire frío, nos pasamos casi una hora esperando al bus de
vuelta al camping, porque los horarios no hay quien los entienda y el nuestro
acaba de pasar hace 10 minutos. Una señora que está con nosotros en la parada
nos explica cómo funcionan porque el panel explicativo es para premios nobel.
Es alemana pero lleva muchos años viviendo aquí, en los sesenta estuvo viviendo
en Torremolinos y tiene buenos recuerdos.
Al día siguiente con un día espléndido, caminamos hasta
la bonita playa de arena, por la que nos damos un paseo, gente jugando al
volei, algún surfer, paseantes, me recuerda a los paseos por Laredo, aunque
esta es más pequeña. Aquí las dunas están muy protegidas, sólo puedes acceder a
la playa por los caminos marcados, por el resto es imposible debido a la
vegetación.
Después nos dirigimos a visitar la Península de Otago donde
según se anuncia se pueden ver animales marinos, como albatros, leones, focas y
pingüinos, aunque los accesos los tienen copados agencias y terrenos
particulares de tal manera que es difícil verlos por tu cuenta.
Vamos por una carretera que atraviesa la península por la
montaña, y es complicada pero las vistas de la costa con sus múltiples bahías
son magníficas. Llegamos a la zona de Portobello y de ahí vamos avanzando hacia
Allans Beach por la carretera que bordea la costa mucho menos riesgosa. Tranquilamente el cormorán en el poste vigilando sus presas.
Allans Beach es una playa
de arena blanca donde esperamos ver algún animalillo,
como así sucede al final
de la misma en la zona rocosa, hay un león dormido y unas crías haciendo lo
propio, y en una gruta otro desperezándose y rascándose, avanzamos un poco más
pero desistimos de adentrarnos más entre las rocas porque si encontramos algún
bicho más de esos, no hay espacio para salir corriendo.
Y contentos nos vamos más al norte donde hay una colonia de
albatros y también se pueden ver pingüinos azules. Como es habitual en este
país, este magnífico día empieza de repente a cambiar, va cayendo la niebla a
una velocidad vertiginosa y cuando llegamos al punto de destino, no se ve nada, hay que subir a una colina previo paso por caja, y
desde allí ver los albatros, que en este momento, dentro de la espesa nube en
la que estamos, son un poco difíciles, por no decir imposible, de ver.
Para ver los pingüinos, hay un mirador bajando casi a nivel del agua pero hay que esperar a las 9:30 de la noche, son
las 7, mi catarro me tiene muy molesta, y no es cuestión de tentar a la suerte,
así que nos vamos por la carretera de la costa, de regreso a Dunedin.
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