Esta mañana que se presentaba magnífica para disfrutar del
día en Akaroa y la Península de Banks ha amanecido lloviendo igual que toda la
noche, esto es parecido a Bilbao que no puedes hacer planes de un día para
otro. Así que decidimos salir hacia Christchurch no antes de pasar por el
pueblo y poder apreciar un poco su pasado francés, aunque es difícil pues no
cesa de llover.
El paisaje de ayer y el de hoy, parece de dos sitios
diferentes, y nosotros también, ayer en pantalón corto y hoy bien abrigados.
Llegamos pronto a Christchurch, nos instalamos y
aprovechamos para hacer una lavadora mientras esperamos que mejore el tiempo.
Ya hecho el business, y aunque el cielo
sigue igual de cerrado, nos vamos a dar
una vuelta para ver esta ciudad azotada por dos terremotos en los años 2.010 y
2.011.
Lo primero que hacemos es cambiarnos de ropa, hace un frío
que pela y está lloviendo, cogemos el bus para el centro y lo que encontramos
es una ciudad llena de grúas y edificios en construcción. Se ven ya edificios
nuevos y zonas rehabilitadas, y bastantes solares vacíos y con los restos de lo
que fue algo en su día.
Hay uno en particular que me llama la atención donde se ve
el hueco donde van los cimientos, con ellos incluidos y los forjados a la
altura de la cota cero, totalmente hechos tirabuzones, da la sensación de que
el terremoto lo pilló en construcción a esa altura y así se ha quedado. Me
imagino que el coste de vaciarlo para utilizarlo de nuevo será enorme.
Varios puentes por la ciudad salvan el río Avon que la
atraviesa, es como un remanso de paz entre tanta destrucción.
Y el viejo tranvía que hace el City Tour con su conductor perfectamente uniformado añade un poco de color en esta desapacible tarde.
Y el viejo tranvía que hace el City Tour con su conductor perfectamente uniformado añade un poco de color en esta desapacible tarde.
La Catedral está también en reparación, rodeamos su perímetro que está acotado por vallas de obra
en algunos tramos decoradas, y nos hacemos idea de la magnitud del desastre.
Otros puntos de color
los dan las medianeras, con unos bonitos graffitis, algunas en edificios que se
ven vacíos por dentro, esperando su derribo o rehabilitación, y otras en
edificios nuevos que comparten escenario con un solar vacío. En uno de ellos
donde se proyecta un edificio dedicado a las Artes escénicas, Cine, Teatro y
Música, vemos un espectacular graffiti de una bailarina en la postura de la
pieza de ballet “La muerte del cisne” de Saint-Saens.
Aunque hemos logrado combatir el frío y la lluvia nos va dando unas cuantas treguas, después de unas dos hora y media de trabajo de jubiletas, o sea inspección de obras, volvemos al bus para el camping parando en un super cercano para reponer avituallamiento, que casualmente está dentro de un Centro Comercial, el Northlands Mall, y hasta nos damos un garbeo por dentro viendo los escaparates, con la única intención de disfrutar de la temperatura .
Segundo día en Christchurch, amanece nublado que no es poco,
casi como diría Jose Luis Cuerda, y nos lanzamos de nuevo al centro, hoy es
sábado y la explanada que hay enfrente de la Catedral está llena de gente,
las nubes van desapareciendo, y suenan las gaitas, un grupo de escoceses perfectamente pertrechados, ofreciendo un concierto.
Descubrimos que el acontecimiento que atrae a tanta gente es una “Fiesta Coreana”. La mezcla de culturas es total, aunque abundan los asiáticos, suponemos que de Corea. Tenemos la zona de las autoridades, y sobre todo tenderetes de comida de multitud de variedades que nosotros desconocemos, pero que se ven muy apetecible, la mayoría de los puestos te dan a probar sus especialidades, y saben rico. Los están cocinando en el momento, hay unas tortillas que me han hecho recordar a los talos de Santo Tomás.
Descubrimos que el acontecimiento que atrae a tanta gente es una “Fiesta Coreana”. La mezcla de culturas es total, aunque abundan los asiáticos, suponemos que de Corea. Tenemos la zona de las autoridades, y sobre todo tenderetes de comida de multitud de variedades que nosotros desconocemos, pero que se ven muy apetecible, la mayoría de los puestos te dan a probar sus especialidades, y saben rico. Los están cocinando en el momento, hay unas tortillas que me han hecho recordar a los talos de Santo Tomás.
Te puedes ataviar con el traje típico, tanto las señoras
como los caballeros, y hacerse la foto de rigor, son muy bonitos. Hay más gente
vestida con sus trajes también, el ambiente es divertido. En el escenario se
suceden las actuaciones, y mientras, el tiempo va mejorando, hasta que el sol
luce espléndidamente. Nos contagiamos de la alegría general y acabamos comiendo
sepia abierta ensartada en un pincho, y hecha a la parrilla, riquísima, y un
cucurucho de pollo con no sé qué, que también estaba muy rico.
Y hasta descubrimos entre la multitud al "Mago de Christchurch" cuya foto aparece en las guías, comiéndose un pincho de pollo a la coreana.
Cerca de donde estamos, en el centro también y en el lugar
de donde estaba ubicado un Centro Comercial, han creado un espacio que
constituye una especie de centro comercial y de esparcimiento, hecha con
contenedores colocados estratégicamente y pintados de colores, donde puedes
comprar absolutamente de todo , además de comer, tomarte un helado, un café, y
unas cervezas en una terracita, servidas desde el contenedor/bar con una
estupenda música, que es lo que hacemos, pues en la fiesta coreana no venden
ningún tipo de alcohol y me he bebido un brebaje indescriptible.
Damos otra vuelta por el centro y nos volvemos a nuestra “casita” que ya es hora.
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