jueves, 1 de enero de 2015

OAMARU

De camino de Dunedin a Oamaru, hacemos una parada obligada en Moeraki, para ver Los Boulders que son grandes rocas casi esféricas esparcidas por la playa. Se formaron hace 60 millones de años por acumulación de sal calina alrededor de un centro más duro.




 en las que están rotas se aprecia ese centro con betas marmóreas y de mineral cristalizado parecido al interior de las geodas, salvando las distancias.




Es un bonito espectáculo y todos nos queremos hacer fotos encima de los bolorcios, hay que hacer algún equilibrio para subirse rápidamente cuando la ola vuelve, o descalzarse, pues la marea está a medias y no es cuestión de esperar porque está subiendo.




Con los que hay que lidiar, con todos mis respetos, es con los chinos, cuando llega el autobús y los sueltan, ya no vale nada, es igual que hayas escogido el escenario de la foto, y te coloques para inmortalizarlo, que vienen, no respetan nada, se ponen delante, hacen sus fotos, y hasta que no se van, a seguir aguantando. No sé si he comentado esto antes, pero ocurre por todas partes allá donde llegue un bus turístico de chinos.

Yo intenté mover una, pero no había manera.




En este pueblo, Moeraki, está una de las cocinas más afamadas de NZ, la de Fleur, en una cabaña de madera en el extremo del pequeño embarcadero, “Fleur’s Place” y como buenos gourmets ahí nos dirigimos a ver si tenemos sitio, en las guías avisa que es mejor reservar pero tentamos a la suerte. Tenemos que esperar una hora, pero es pronto, nos damos una vuelta, y nos tomamos unas birras en la terraza.




Decoración conservando lo rústico pero cuidada, todo el interior en madera sin barnizar, carta sofisticada, numeroso servicio, y Fleur con su melena blanca, de acá para allá controlando todo y saludando a los comensales. Hay varias comidas que a mí me parecen de empresa, algo así como las celebraciones de fin de año, hay turistas que leemos la Lonely Planet, pero también mucho lugareño.




Merece la pena la espera, nos tomamos un pescado al horno justo en su punto y con pocos adornos como nos gusta a nosotros. Sólo una especie de refrito con alcaparras y almendras tostadas laminadas muy finitas que no estorban para degustar el verdadero sabor del pescado, y cuando lo mezclas le añade un rico sabor.



    
Y llegamos a Oamaru, ciudad situada más al norte de Dunedin en la costa Este, el camping junto a un Jardín  Público al que se accede directamente; es un jardín botánico con árboles y plantas señalizados, jardín de rosas, laguitos, recovecos para sentarse… lo atravesamos y estamos en el centro que nos sorprenden los edificios en rotunda piedra, como el de “Union Stores” que está a continuación del Hotel Criterion




el edificio que alberga una exposición del movimiento “Steampunk”




el de la A.M.P. Society que tiene en sus bajos al bonito Restaurante “Cucina”, el ANZ Bank junto al Empire Hotel




la Biblioteca, y la Opera




y como contrapunto esta camioneta, que me dio corte sacarla por delante pues estaba el dueño al volante.




Como digo es la primera ciudad en la que vemos piedrolos de semejante tamaño, la razón es que están construidos con piedra de una cantera cercana. 

Hacia las 7 nos vamos a una zona elevada con varios miradores desde los que se divisa una playa en la que se pueden ver a pingüinos ojigualdos saliendo del agua para ir a sus madrigueras a alimentar a sus crías. La playa a esta hora tiene el acceso prohibido para no perturbar a los animalillos.




Conseguimos ver a tres, de uno en uno, es divertido como se valen de la ola para llegar a la orilla, alguno recorre la distancia más lentamente, parece más cansado, y en la hora larga que estamos, alguno ya ha debido dar de comer a las crías y se vuelve a nadar. La pena es que estamos a mucha distancia y sin unos buenos prismáticos o zoom no se les puede ver en detalle.






Al día siguiente nos dedicamos a visitar la ciudad, cerca de la zona industrial de la playa, comemos una tabla de quesos que sirven con menbrillo, láminas de manzana verde y roja, pan y crackers en la tienda/degustación de quesos de la factoría Whitestone unos de los más premiados del país, la verdad es que están buenísimos, pero no tienen licencia de licores así que según terminamos los quesos, seguimos caminando hasta el bareto de una fábrica de cerveza escocesa que está un poco más al centro, que está estupenda, muy bien tirada, elegimos una tostada y poco carbónica, como nos gusta, y quitamos es reseco del queso.

Cerca está la exposición de Steampunk que vamos a visitar, alucinante, máquinas imposibles hechas a partir de máquinas en desuso, vagones, y lo que uno se pueda, y no se pueda imaginar y más. En el exterior tiene una locomotora que si le echas un dólar, se pone a rugir y sacar fuego por la chimenea.




En el recorrido de dentro una de las atracciones tras pasar una puerta negra consiste en un cubículo con paredes de espejo y lámparas colgantes de colores a distintas alturas que producen unos efectos muy bonitos. En el patio hay un cañón, una locomotora, un tractor……….un pescador subido al tejado del edificio,




y una de las paredes exteriores llena de moscas ascendiendo por ella.




A las 9 de la noche tenemos contratada la visita a una colonia de pingüinos azules que está en el mismo Oamaru, así que antes para no liarnos preferimos cenar fuera y vamos al Restaurante Cucina, abierto desde 1.871, cenamos pasta preparada genial, y aunque hemos empezado pronto, nos hubiera gustado disfrutar un poco más del sitio, sin tener que salir corriendo para ver a los pingüinos.

Llegamos pronto a la colonia con la suerte de que hacia las 8:45 llegan los primeros pingüinos, como unos 30 juntos, y van subiendo trabajosamente por las rocas hasta llegar donde se encuentra nuestro observatorio, y los podemos ver muy de cerca; son pequeñitos y andan a algunos rápido, y otros a trompicones, son muy graciosos.

Aquí no te dejan hacer fotos ni vídeos ni siquiera sin flash, son unos caraduras, te dicen que ellos te venden los vídeos que quieras. Como ya te lo indican cuando compras las entradas yo he venido sin cámara, pero veo que el personal trae todo tipo de maquinones, así que saco el móvil y me pongo a grabar en vídeo a los pingüinos con tan mala fortuna que se me olvida pulsar el ON y cuando me doy cuenta y lo enciendo, son ya las 9 y los de seguridad se van distribuyendo por el graderío, y me lo mandan apagar como a otros tantos desobedientes, así que ni vídeo ni ná.

A los 20 minutos aproximadamente, por megafonía, nos explican cómo a unos 200 mts. de la playa se van acercando a lo lejos y podemos apreciar la mancha del grupo, que vienen surfeando en las olas, y a los 5 minutos los tenemos en alegre bilbiriketa saltando a la playa y subiendo por las rocas hacia sus nidos, pasando por delante de nuestra grada.

Ahora nos damos cuenta por qué nuestras entradas eran más caras que las de la grada de enfrente, ya que el acceso hacia los nidos, está justo delante de nosotros, y no lo digo por fardar, sino porque me da mucha rabia este mercadeo. Nos dicen continuamente que estemos en silencio, que no les molestemos, que no hagamos fotos….y una tipa por megafonía nos está explicando su vida y milagros, y hay unos reflectores que les están enfocando para que les veamos cómo se desenvuelven en su trayecto.

Más o menos cada cuarto de hora, o veinte minutos, siguen viniendo varias oleadas de pingüinos, con los graciosos revolcones que les dan las olas en la orilla, y cómo van ascendiendo por la ladera rocosa, y su paso por delante para llegar a las madrigueras, en total unos 180 según nos dicen.

Mucho público ha venido en grupos y los autobuses a la hora prevista se los ha llevado, nosotros nos quedamos casi los últimos, hasta las 10:30 y cuando salimos del aparcamiento, nos sorprenden varios pingüinos atravesando la carretera, dirigiéndose a sus madrigueras, fuera del espacio controlado, y también mucha gente que ha podido ver en ese punto, a unos cuantos más. Tenemos que parar el coche y aprovecho para sacarles una foto según veo cómo corren por delante de mí.


                  

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