Hoy nos levantamos en este bonito camping, donde las duchas
no son con monedas, (un coñazo), y donde la cocina tiene de todo, no hace falta
utilizar nuestros utensilios para desayunar y como no hay mucha gente, estamos
solitos en el comedor con una vista del río y del paisaje muy relajante.
Nuestro propósito es
ir hacia la Península de Coromalndel haciendo escala en Orere Point, ya
habiendo atravesado Auckland. Pero de camino está el Museo del Kauri, y creemos
imprescindible la visita.
La visita resulta ser más larga de lo previsto, ya que el
Museo es inmenso. Está dividido según varios temas: muebles, exposición de
piedras de ámbar, representación del interior de una vivienda de colonos
pudientes, muestra de varios cortes de troncos, representación de un aserradero,
y tienda, por ese orden.
Dentro de la muestra de muebles, vas caminando entre
armarios hechos de raíz, aparadores, cómodas, pianos, pianolas, sillas, paragüeros,
adornos, casi todos de finales del 19, hasta mediados del 20. Supongo que se
siguen haciendo pero el boom de la elaboración con madera de kauri, fue en la
época que he comentado, de hecho, se cargaron la mayoría de los bosques de este
árbol y ha habido que repoblar.
La muestra ámbar es muy extensa, muchas vitrinas con piedras de grandes tamaños en bruto, piezas con insectos de hace más de 10.000 años, algunos muy curiosos, piezas talladas de ámbar, y joyas antiguas.
De ahí nos adentramos en la representación del interior de una casa de colonos, pudientes se ve, hay maniquís representando sus moradores con ropas de finales del 19, la chacha planchando, los niños en el cuarto de juegos, las señoras tomando el té, mobiliario elegante, todo en madera de kauri, of course.
La siguiente sala por decir algo, porque es un pabellón está lleno de cortes de troncos enormes, también hay maniquís simulando cómo se subían al árbol con unas botas con pinchos, parecidas a los actuales grampones, otros aserrando la base, hay un par de mesas cuya parte de arriba, está hecha de una sola pieza, en la mayor de las cuales caben unos 30 comensales.
Y por último se pasa a otro pabellón que es un aserradero
con maniquís trabajando la madera, máquinas, todo muy interesante.
Me he extendido en el Museo, pero es que me ha dejado un
buen recuerdo, ha sido una visita extensa e interesante. Y para salir, tienes
que pasar por la tienda, en la que por poco me compro un sombrero de pionero
que me quedaba muy bien.
Seguimos ruta bajando hacia Auckland, y la circulación se va
incrementando de forma alarmante. Nos damos cuenta de que es domingo y
probablemente la carretera está llena de domingueros , hoy además hace un día
soleado, así que decidimos no entrar en Auckland y quedarnos de nuevo en el
camping de Orewa Beach que nos gustó mucho.
Nos damos una vuelta por la playa, por primera vez en
pantalón corto, y vamos caminando por la orilla, el agua que está muy buena,
incluso hay algún valiente, lo digo por la salida del agua con el vientito que
se gasta.
La verdad es que es una playa que invita al paseo, y al
descanso, está bordead por un paseo de hierba, y la gente lo mismo se sienta en
la arena como en la hierba.
Y los que hacen botellón, o cervezón como vemos por aquí,
cuando acaban dejan todo en la basura, que hay por todos los lados.
Cenita y a dormir.



Anita, no pierdas las oportunidades: un sombrero, una joyita de ámbar, .....
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