Hay un parque que parece que se le puede ver al kiwi blanco, uno de los más raros, unas cascadas, y unas gargantas.
Al llegar al camping, me he dedicado a contestar algunos correos y hemos estado organizando que podemos ver mañana pues aquí nos quedamos 3 noches. El domingo aquí se celebra una fiesta anual, el TASTE MARTINBOROUGH, que gira en torno al vino, y queremos estar para ver en qué consiste, lo hemos buscado en google y tiene buena pinta.
Martinborough
Nos levantamos pronto para visitar los alrededores y pasamos primero por el pueblo para ver cómo es pues ayer cuando llegamos no teníamos muchas ganas de parar para verlo. Tiene una plaza central cuadrada de la que salen 8 calles, cuatro perpendiculares a cada lado del cuadrado, y otras cuatro que salen de las esquinas. Los edificios que las rodean son de dos alturas máximo, de madera, y parecen los pueblos que llamamos de las pelis de vaqueros. Las calles adyacentes están llenas de comercios de las propias bodegas, que por esta zona, hay unas 45 más o menos grandes, según dicen.
Lake Ferry
Desde Martinborough nos dirigimos a varios puntos de la costa. La carretera de la costa nos lleva primeramente a Lake Ferry una inmensa playa de arena negra. Está en la desembocadura de un río que forma el lago Okope. La playa es una barrera que separa el mar del lago. Nos llegamos hasta la orrilla, tiene mucho fondo esta playa, y hay unos cuantos pescadores con sus sillas, neveras, y aparejos esperando que pique algún despistado pececillo.
La mar está preciosa, de un verde/azul intenso, y aunque la temperatura no es mala, cuando el viento se levanta, te tienes que abrigar bien.
Tomamos unos cafeses en el Hotel Lake Ferry que está al principio de la playa, y nos volvemos para coger la carretera que nos va a llevar al Cabo Palliser, la punta más al sur de la Isla del Norte.
Reserva de Putangirua
De camino está la Reserva de Putangirua. Aparcamos La Cirila. Hay que caminar por el lecho de un río, primero en plano y luego ascendiendo y así llegamos a unas formaciones rocosas muy interesantes.
Según vamos subiendo vamos descubriendo unas paredes rocosas que por su tamaño y constitución configuran una zona muy curiosa, parece que se han ido formando por la erosión del agua de la lluvia y del viento.
Ngawi
Dejamos este lugar, después de una buena caminata, y cogemos otra vez La Cirila para ir al pueblo siguiente, Ngawi, que tiene una particularidad, es un pueblo de pescadores pero no tiene puerto. Bajan y suben los barcos de la playa con excavadoras, y así se ven a su paso por el pueblo, constituyendo una atracción turística.
Colonia de Focas
Para coronar el día, entre este pueblo y el Cabo Palliser, se encuentra una colonia de focas que se han afincado allí entre varios salientes rocosos, que se están bañando y tomando el sol tan tranquilas, se puede estar al lado mismo de ellas, se tiran al agua, saltan..., la verdad es que es muy divertido, y las pequeñas son monísimas, les hacemos un montón de fotos y vídeos, y sobre todo, nos quedamos un buen rato husmeando por allí y viendo sus piruetas, no apetece marcharse.
Cabo Palliser
Nada destacable más que el típico faro rojo y blanco, al que se puede subir por 250 escaleras que por supuesto no lo hacemos, y que se acaba la carretera y tenemos que volver para Martinborough a ver si nos enteramos cómo podemos adquirir los tickets para la fiesta de mañana.
Regresamos al camping ya por la tarde, pasando por Martinborough, donde hay un buen ambiente, la gente tomando copas de vino por la calle, la plaza central con unas carpas preparadas para la fiesta de mañana, gente muy variopinta.
En el camping también se disfruta de buen ambiente, lleno a tope de gente que nos dicen que han venido ex profeso para la fiesta de mañana.
Toast Martinborough (Wine, Food & Music)
Son las 9:00 de la mañana y ya llevamos las entradas que nos las ha conseguido el recepcionista del camping ayer. Resulta que se venden de 10 en 10 por internet, las compran en grupos y revenden las que les sobran al precio normal. Nos venden 2 de diferente precio, una VIP, y una GOLD, que aparentemente sirven para lo mismo, pero como no entendemos el sistema, pues vamos con ellas. También nos advierten de que tenemos que llevar crema solar y sombrero pues la fiesta es al aire libre.
Llegamos a la Plaza del pueblo y vemos que allí también se pueden comprar individuales en la carpa de la organización. Ya se está llenando de gente variopinta. Se canjean las entradas por una copa que te cuelgan al cuello, una pulsera, y un folleto el cual indica con el número de cada bodega, los vinos que puedes beber en cada una, las comidas que se ofrecen, los grupos de música que ambientan cada bodega y sus horarios de actuación.
Esa acreditación y tu copa al cuello, te dan derecho a participar en la oferta de las 10 bodegas que participan en el festival. Te montas en los autobuses que hacen una ruta circular por todas las haciendas donde se encuentran las bodegas y te subes y bajas en las que te van apeteciendo. Te puedes sentar en mesas, en el suelo, no es difícil encontrar sitio.
Hace un día espléndido, soleado, caluroso, las chicas con sus mejores galas veraniegas (tirantes, flores, taconazoas, espaldas al descubierto, mucha pamela), ambiente de ligoteo, muchos a pillar. También cuadrillas disfrazadas, al mejor estilo de Tolosa.
No se puede llevar comidas o bebidas ajenas a lo que se ofrece. A la entrada de cada hacienda hay gente de seguridad, por lo menos una par de médicos, que observan a los participantes a la entrada, impidiendo el paso a todo aquel que muestre signos de embriaguez.
Y nosotros en medio del "fregau", con algun que otro despistado turista, nos integramos perfectamente en el ambiente, y vamos pasando de bodega en bodega, probando sus caldos y degustando sus diversas ofertas culinarias (hasta spanish paella y churros con chocolate, tenemos). Nos enteramos que los grupos de música contratados son de lo mejor del país en su género, lo cual podemos atestiguar.
También nos cuentan que las comidas que se ofrecen están elaboradas por los catering de los mejores restaurantes de Wellington y Martinborough. También lo podemos atestiguar. Hemos pasado, dependiendo del momento del día en el cual lo hemos probado, por cosas tan sencillas como rabas y patatas con ali oli, hasta venado. Lógicamente no hemos probado de todo, pero se veía que había calidad.
Los caldos, también muy buenos, hemos probado algún blanco, y sobre todo tintos. Eso sí, la entrada te da derecho a participar en el ambiente, la música, el vaso, y los buses. El resto se paga en francos, que previamente hemos tenido que comprar con NZ$, todo a "excelente precio neozelandés", es decir "very expensive". Traducido, entre 4 y 10€ la copa, y entre 4€ el pintxo, y 12/13€ el plato.
Por el número de entradas vendidas, se estima una afluencia de unas 10.000 personas. Mucha gente llegada desde Wellington en trenes y autobuses para evitar los controles de alcoholemia, que aquí deben de ser muy duros. Los trenes ya días antes tenían todas las plazas agotadas. Mucha gente guapa, poco maorí.
A las 6 y después de unos saltos con el grupo de la última bodega que visitamos, cogemos el bus ya de retirada hasta el inicio del recorrido, la plaza del pueblo, donde ya se aprecian algunos de los efectos del fiestón. La gente se va distribuyendo por los autobuses que les llevan a la estación de tren y a sus lugares de origen, básicamente Wellington, y nosotros cogemos el andarín hacia nuestro camping a medio km., sin ayuda ni ambulancia. Hemos disftutado de lo lindo.






Termina Noviembre y con él se van la luz de la tarde y las hojas de los árboles.
ResponderEliminarComienza el invierno y se encienden las luces navideñas.
Este año ha sido largo y duro, y corto, y triste... pero acaba y tengo la suerte de poder vivir la prematura primavera del otro lado del mundo, gracias a unos ojos que la están mirando por mí y que, además, pueden enviarme los destellos primaverales a través de sus palabras y sus imágenes.
El mundo es redondo y continuo, gracias a Dios, porque de lo contrario, caeríamos desde el borde del precipicio al abismo más infinito.
Quiero engancharme a la cola de la cometa de los sueños, de la vida, de las alegrías de los demás, para después, cuando sea necesario ser la cometa de los otros.
Volad hasta la Nube y más allá.
Aquí Noviembre finaliza con el mejor tiempo que hemos tenido en NZ, y luce un sol espléndido.
EliminarTambién hay ambiente navideño en los escaparates, Papa Noel, árboles de Navidad, espumillón, dulces y bombones en estantes especiales en los supermercados...
Me alegra que esta mezcla de diario y blog te sirva para alumbrar un poco ese invierno de este año tan triste para tí.
Unas veces hacemos de cometas, otras nos enganchamos a la cola, como yo hice hace tiempo, esa es la grandeza de la generosidad humana. Seguiremos volando con la cabellera suelta.