viernes, 28 de noviembre de 2014

WELLINGTON

A 1 hora de Martinborough, llegamos a Wellington pronto, pero hace un día de perros. Todo lo que leemos indica que no conviene entrar con el coche al centro de Wellington, pues los parkings son de pago, y además no puedes estar más de 2 horas.

El camping está a un cuarto de hora del centro así que para bajar, hemos utilizado el bus, tienen un billete que cuesta 6,50 NZ$ ida y vuelta, y lo puedes usar las veces que quieras, siempre que sea en la misma línea y compañía (hay tres). En este camping nos hemos encontrado con una pareja de Madrid, Elena y Juan, que vienen de la Isla Sur, muy majos, y hemos intercambiado consejos de las dos islas la noche anterior a su marcha, en animada charleta antes de cenar.

Aquí hemos estado varios días pero no tenemos mucho que contar; al contrario de Auckland, con Wellington no me voy a extender. La ciudad nos ha gustado, y sobre todo el ambiente. La Manners St. tiene muchas tiendas y cafés. Ascendiendo desde Manners St. por Cuba St. hacia una de las colinas que rodean la ciudad, se llega a La calle Terrace con unas casitas de madera muy bonitas, que rodea el centro.

Tienda en Manners:



La ciudad está rodeada de colinas, a una de ellas donde está el Kelburn Park se accede en un teleférico. Otro punto importante y desde el que se puede ver la bahía es el Monte Victoria zona residencial.
   
El Centro no es difícil recorrerlo a pie, está todo muy cerca. Las calles más céntricas Lambton, Willis, Boulcott, Manners, Victoria y Courtney Place acogen la mayoría de los comercios, oficinas, y Bancos más importantes. Todas estas calles rodean el puerto.

 En Courtney Place hemos comido un par de veces en la Pizzeria Napoli, de un napolitano, todo muy rico, y unas calzone buenísimas, que nos hicieron recordar el viaje a París con Itziar y Amaia. El napolitano muy simpático tiene clavada una espinita del partido que perdió contra el Athletic, allá por Octubre.

El Civic Square lo componen varios edificios antiguos, unidos entre sí por construcciones modernas, la única manera de sacar partido a ese espacio y mantener los servicios unidos. Ahí está el Ayuntamiento que tiene la mejor sala de conciertos de NZ, según dicen. Unida tiene la Biblioteca, la City Gallery, en medio de las cales está flotando en el aire la bola del mundo hecha con hojas de helecho, uno de los símbolos de NZ. Desde todo este conjunto de edificios se accede al puerto por el City to Sea Bridge.




   
Lo que llaman el City to Sea Bridge, no es un puente propiamente dicho, sino un acceso de la ciudad al puerto, construido en madera en estilo maorí, unas esculturas en madera que sirven de bancos, y unas columnas adornadas en su extremo con figuras geométricas, es un entorno muy agradable, para pasear, observar la bahía, en días buenos claro porque los que hemos tenido malos, no los hemos disfrutado.




En la zona de los juegos de niños hay unos toboganes con forma de faro. Desde aquí se ve el puerto comercial y de embarque de los ferrys que hacen el trayecto entre las dos islas, uniendo Wellington en la Isla Norte, con Picton, en la Isla Sur.




En el paseo del puerto está también el Museo Te Papa con la historia de NZ desde la llegada de los maoríes, el Capitán Cook, y más tarde los europeos, hasta este siglo.

Es una ciudad con una vida cultural muy activa. Conciertos, y sobre todo cine y teatro. Hay varios teatros en el centro, es muy conocido el Circa en una antigua fábrica rehabilitada. Un sitio muy agradable es el café de la Opera, donde nos hemos tenido que guarecer dos días y tomarnos unos estupendos cafés.



   
La parte del puerto deportivo está llena de cafés y restaurantes, pero en los días lluviosos están totalmente vacíos, las terrazas desiertas como es de entender, y todo desangelado. Las tardes de buen tiempo, hemos pillado 2, parece otra ciudad. La gente sentada en las escaleras de un  bar con el solcito del atardecer, y las terrazas llenas.




Al otro lado de la ciudad están los edificios del Parlamento, el viejo y el nuevo, y la Catedral de St.Paul, moderna pero que no nos aporta nada.

Otra cosa es la antigua Catedral, llamada la Old St.Paul, pequeña, toda en madera. Por fuera es una Iglesia pequeña en madera blanca, pero traspasas el umbral y sueltas una admiración. Hay una señora a la entrada en una mesita con información que se ríe cuando me ve la cara de sorpresa, y me dice que todos hacemos lo mismo cuando la vemos por primera vez Es una obra de arte de arquitectura en madera.




Hablando de arquitectura, esta ciudad combina muy bien los edificios antiguos con los nuevos. Tienen una cultura alrededor del café muy notable; dejando la mar a la espalda, ascendiendo por Cuba st. y las paralelas, se llega a una zona de antiguas fábricas rehabilitadas en pequeños cafés a la altura de la calle, y de los primeros pisos con un cálido sabor bohemio.

Como anécdota, tenemos que contar que el día que llegamos fuimos a la Embajada a dar cuenta de que andábamos por aquí y de paso darles recuerdos de Olatz que ha estado trabajando de becaria en la Embajada hasta finales de septiembre, y con la que estuvimos en Bilbao justo antes de venirnos para acá.

El horario de atención al público acababa a las 13:30 y esto era por la tarde. Mirando la información del horario estábamos cuando de la oficina salió una sonriente chica que se presentó como Ana María, la secretaria personal del Embajador y asturiana, al decirle que nosotros éramos de Bilbao.
Parece que se le olvida algo, y vuelve a entrar a la oficina. Acto seguido sale y nos dice que el Embajador nos quiere saludar, así que pasamos a su despacho, en chaflán, amplio, lleno de fotos con los reyes, los príncipes, Ratzinger, y demás personajes que en un vistazo no puedo reconocer.

Todo cristalera, con unas magníficas vistas de la bahía, nos invita a sentarnos en unos sillones, y así pasamos más de una hora de nuestro primero y lluvioso día en Wellington. Conversación muy agradable y variada, de la vida y la economía de este país, y del nuestro, de sus anteriores destinos, y algunas anécdotas más.

No hablamos de pájaros, esto va por Juanito, y al contrario que nosotros, dice que cuando se jubile, lo que quiere es dejar de viajar y alternar su vida entre La Coruña, su ciudad natal, y Madrid donde tiene también casa.  

6 comentarios:

  1. Ayer tomé un café en el bar de abajo. Un café cortado con azúcar, con espuma, denso, muy parecido a los cafés del Scala. A media taza, salí del bar y me situé bajo el toldo; puse la taza sobre el barril de vinos Glorioso. Saqué del chambergo el paquete de tabaco Ducados rubio y encendí un pitillo.
    Hacía frío y llovía. Degusté el cortado entre sorbos y bocanadas de humo gris.

    Estaba pensando, meditando, pero no recuerdo acerca de qué, ni me preocupa. La colilla del cigarro se consumió entre mis dedos y casi me quemo. Con un movimiento reflejo, habitual solté un pititaco y lancé la colilla a dos metros de distancia, con tal suerte que se coló entre las rendijas de una rejilla del sumidero de la calle, situada junto al bordillo de granito, al lado del paso de peatones.

    Giré en redondo para dirigirme al portal de casa, pero paré en seco y di media vuelta.
    ¿Dónde iba a terminar su curso la colilla? ¿Y si se ha colado por una junta de la tubería y traspasa una grieta en la solera de la calle, atraviesa la grava, se cuela entre la tierra y cae verticalmente hacia… hasta… hasta las antípodas?

    Mirad bajo vuestros pies, entre los adoquines ennegrecidos que escupen vapor del subsuelo y observad si aparece una colilla húmeda, arrugada y humeante.

    ¡Esa colilla es mía!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hoy que te respondo es ya día 5 de diciembre, porque hemos pasado unos días entre montañas y no hay señal de WI-FI. Los de aquí la tienen por cable pero si te quieres conectar en los campings, la mayoría te saca las entretelas, así que preferimos esperar a que haya señal y utilizamos el nuestro, o que el WI-FI del camping sea gratis.
      Y bueno, a lo que iba, y no me quiero extender. Estábamos el día 3 por la mañana paseando por Greymouth, cuando al ir a cruzar la calle, salía una colilla de una alcantarilla, era de tabaco rubio, no se veía la marca pero no sé por qué me resultó familiar. Y dije para mí, algún paisano que anda por estos lares, y de la misma, subimos al paseo del malecón construido para proteger el pueblo de la furia del río, que bajaba impetuoso, y seguimos disfrutando del bonito paseo...........

      Eliminar
  2. Oooohhhh....
    La calzzone de París!
    ¿Qué tendría aquella pizza que a los 4 que la degustamos nos marcó para siempre?

    Me alegro de que estéis disfrutando.
    Todos sabemos que sois muy VIP, normal que el embajador quisiese charlar un ratillo con vosotros! Jejeje

    PD: Luisma, ¿de que marca de tabaco era la colilla?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Aunque no tiene ninguna relación con este capítulo del blog, cuando vi imágenes del Art Decó de Napier, me di cuenta de lo cercanos que son los puntos del globo terráqueo en cuanto a gustos estéticos, o de lo rápido que se transmiten las modas y las inquietudes por buscar nuevas sensaciones o transmitirlas, incluso de la asunción de corrientes estéticas de mundos tan distantes culturalmente y tan aparentemente diferentes. (Hoy día lo llaman globalización)

      No tardé en buscar información en internet (of course) acerca del Art Decó y sus movimientos “sinónimos”, como la Secesión Vienesa, la de Berlín o Munich, el Art Nouveau, el Liberty o Floreale italiano, Niewe Kunst, Jugendstyle, incluso el Modernismo catalán.

      Luego volví a centrarme en vuestro blog y recordé otro momento de vuestro viaje. Me entretuve admirando la foto ampliada de la Casa de Ceremonias de Ohinemuto, el barrio maorí junto al lago Rotorua.
      La madera tallada formando máscaras humanas en primer plano, y detrás pequeñas figurillas en la fachada, como comparsas del acto ceremonial. Todas ellas decoradas con cristales blancos o gemas brillantes en sus ojos, sus manos, pies y salpicando alrededor de luces que semejan llamas encendidas de las velas de un firmamento que todo lo rodea. También aparece un paño de la fachada en el que penden verticalmente unas franjas blancas decorativas.

      Es conocido que las primeras manifestaciones del arte de las civilizaciones primitivas, está basado en la figura humana o animal. Las pinturas rupestres de Altamira, las estatuillas de Willendorf, Hallstatt, etc… Por un momento, relacioné esas chispas encendidas y esas guirnaldas con las hileras que las luciérnagas de la cueva de Waitomo forman pendientes del techo.
      También me llamaron la atención las vidrieras de las ventanas, todas en tonos azulados y con una geometría repetitiva, que no supe interpretar. Son de una pureza geométrica contundente y peculiar, poco imitativa (vuelta al Modernismo). Alguna similitud debe haber, pues el Modernismo se inspira en las formas de la naturaleza.

      Total, que no pude resistir el viajar adelante y atrás por esa autopista que nos brinda el blog, cuyo precio de peaje no es más que dedicar un ratito cada día, como quien ojea el periódico para ver las noticias de última hora o más tranquilamente se entretiene en leer los reportajes de las páginas centrales del dominical.

      PD1: La fotografía de las guirnaldas de luciérnagas de las cuevas, es preciosa.

      PD2: (Va por Itziar) Respecto de la marca de la colilla, ya he dicho que el tabaco era rubio. Tan rubio como Manolo, el anárquico bombero murciano de Taupo.

      Eliminar
  3. Itziar, esta calzone no tenía forma de pez con ojitos, pero efectivamente aquella noche que creo que fué la última en nuestro viaje a París no me extraña que la recordemos, fué una cena muy divertida, aunque esa vez el camarero no se llamara Ludovic.

    ResponderEliminar
  4. Luisma, me ha encantado tu comentario, toda una lección de arte. Me alegro de que mi entretenimiento, te sirva a ti también para pasar un rato. Los brillos que se aprecian en las figuras maoríes están hechos con el nácar de una caracola que aquí se la conoce con el nombre de "Paua". Creo que también se la conoce como avalón, avulón, u oreja de mar.

    ResponderEliminar